Crítica de Cine

Los fantasmas del duelo

El niño Jacob Tremblay, en una escena de 'Somnia, dentro de tus sueños'. El niño Jacob Tremblay, en una escena de 'Somnia, dentro de tus sueños'.

El niño Jacob Tremblay, en una escena de 'Somnia, dentro de tus sueños'.

La fase del duelo sigue siendo tema y metáfora recurrente para el cine de terror y la materialización de las pesadillas más ominosas y siniestras. Somnia coge mucho material prestado, de Poltergeist a Babadook, también al niño protagonista de La habitación, para plantear el que atraviesa una familia que acaba de perder a su hijo en un accidente doméstico tras adoptar a uno nuevo con extraños poderes mágicos (sic) como perfecto territorio para guionistas de escuela con memoria cinéfila en el que desplegar sueños oscuros que se encarnan en mariposas de colores, apariciones tras las puertas y fantasmas sin ojos y con las bocas abiertas.

En la que es su tercera película en un año tras Ouija: el origen del mal y Hush(Silencio), Mike Flanagan se confirma no tanto como un verdadero estilista con sello personal como un profesional rápido, económico y efectivo a la hora de manejar los viejos resortes del género, con más tendencia de lo deseable a provocar el susto en detrimento de la creación de una verdadera atmósfera de terror sostenido y creciente. Su película revela pronto el rostro y la fisonomía del mal y hace demasiado explícito el trasfondo melodramático de la pérdida y la rotura del vínculo primario como motores de su historia de superación de los traumas y reconciliación (sic) entre lo real y lo sobrenatural.

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