Godzilla vs. Kong | Crítica Monstruos en 'pressing catch'

Una escena de 'Godzilla vs. Kong'.

Una escena de 'Godzilla vs. Kong'. / Legendary / Warner

No son dos jovencitos precisamente. King Kong nació en 1932 por obra del aventurero, aviador, productor y director Merian C. Cooper (una figura clave en Hollywood posteriormente vicepresidente de Selznick, ejecutivo de MGM y productor de Fort Apache, La legión invencible o Centauros del desierto) y del maestro del relato policíaco Edgard Wallace, que falleció mientras trabajaba en el guión. Ambos se inspiraron en clásicos modernos de tierras perdidas en las que viven seres prehistóricos como El mundo perdido de Conan Doyle y La tierra olvidada por el tiempo de Rice Burroughs, añadiéndole su toque más original al unirle el cuento tradicional francés La bella y la bestia. Cooper y su habitual compañero Ernest B. Schoedsack la dirigieron, estrenándose en Nueva York simultáneamente en el Radio City Music Hall y el RKO Roxy el 2 de marzo de 1933.

Godzilla nació en 1954 por obra de los guionistas Shigeu Kayama, Takeo Murata e Ishiro Honda, la productora Toho y el director Ishiro Honda como un relato metafórico sobre las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki, ocurridas solo nueve años antes. El pánico atómico -ya sea a una guerra nuclear, criaturas mutadas por la radiación o dinosaurios revividos por ella- estaba lógicamente muy presente en la sensibilidad japonesa, pero también inspiraba películas en el Hollywood de los años 50 como El día en que la tierra se paró (Wise, 1951), El monstruo de tiempos remotos (Lourie, 1953) o La humanidad en peligro (Douglas, 1954).

Desde entonces King Kong ha aparecido en 12 películas y Godzilla en 32. La Toho los enfrentó en 1962 (King Kong vs. Godzilla, Ishiro Honda). Esta nueva reunión de los monstruos es la cuarta entrega de la resurrección de los monstruos obrada por MonsterVerse, Legendary Films, Warner y, en este caso, Toho. Las tres anteriores son Godzilla (2014), Kong: la isla Calavera (2017, para mí la mejor) y Godzilla: el rey de los monstruos (2019, la peor). En este caso Kong, que siempre tuvo buen fondo y fue enamoradizo ("los aviones acabaron con él", dice un periodista cuando el simio cae del Empire State en 1933; "No fueron los aviones -le contesta Denham, el causante de todo-, la bella mató a la bestia"), es el bueno, hasta se comunica con una niña sordomuda (único personaje humano de la película con cierto peso, muy bien interpretado por la debutante Kaylee Hottle, joven actriz formada en una familia de sordomudos); y Godzilla, como sucede desde sus orígenes en los años 50, es el malo que destruye por destruir como si siempre estuviera enrabietado.

Película -no hace falta decirlo- solo de puro entretenimiento espectacular, dirigida mecánicamente por Adam Wingard (sobrevalorado especialista en terror, autor de Tú eres el siguiente, The Guest, Blair Witch y Death Note), tiene tres valores además de su perfecta técnica y su apabullante envoltura visual y sonora que reclama gran pantalla: no tomarse en serio a sí misma (lo que la aproxima a Kong: la isla Calavera, a la que no alcanza), rescatar la pura aventura -sin molestarse en dar explicaciones o buscar una mínima credibilidad- conduciéndonos a regiones muy Conan Doyle y Rice Burroughs -lo que nos llevaría a los orígenes literarios del primer King Kong- y un diseño de producción verdaderamente imaginativo en la creación de paisajes de magnífica irrealidad fantástica.

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