La Maestranza | Tercer y último festejo de la Feria de San Miguel Feliz alternativa de Ángel Jiménez

Momento en el que Morante de la Puebla da la alternativa a Ángel Jiménez con El Juli de testigo. Momento en el que Morante de la Puebla da la alternativa a Ángel Jiménez con El Juli de testigo.

Momento en el que Morante de la Puebla da la alternativa a Ángel Jiménez con El Juli de testigo.

La Feria de San Miguel se cerró con otra tarde muy calurosa en la que el ecijano Ángel Jiménez, tras una dilatada trayectoria novilleril, tomaba la alternativa en un cartel de lujo, con Morante de la Puebla de padrino y El Juli de testigo. Un doctorado que se resolvió feliz para el astigitano que cortó la única oreja en un festejo en el que, a excepción de su lote, los toros de Daniel Ruiz fallaron estrepitosamente, siendo pitados en el arrastre tercero, cuarto y quinto. Un encierro de desigual presentación.

Ángel Jiménez se doctoró con el apoyo de una legión de paisanos con el toro ‘Tirachinas II’, castaño, de 515 kilos, bien armado, que aunque no se entregó en varas, desarrolló buenas embestidas. El astigitano, tras recibir los trastos de Morante, brindó la faena a su padre. Tras un comienzo pinturero, hubo nervios, enganchones e incluso un desarme con la diestra. Una vez centrado descolló en una buena serie de mano baja y con ligazón. En el epílogo, con los hombros descolgados, logró naturales con sumo gusto que fueron coreados con un “¡Bien...en...en!”. El público estaba entregado y se mascaba premio, un premio que el torero no ganó debido a la espada. Mató de pinchazo y estocada caída y dio una vuelta al ruedo.

El sexto, bueno, aunque sin tanto recorrido, se rajó. El toricantano se entregó de prinicipio a fin en una actuación que comenzó con una larga cambiada de rodillas frente a toriles, salvando la cogida al tirarse a la piscina. De pie, lanceó con verónicas vibrantes que cerró con un afarolado. Las palmas echaron humo y la Banda Tejera tocó unos sones en su honor por ese manejo del capote. El torero consiguió buenas series –cortas por la condición del burel– con la diestra y una con ligazón y más extensa. Mató de estocada y descabello y fue premiado con una oreja.

Morante de la Puebla se las vio en primer lugar con un astado abanto de salida. Sin la más mínima entrega llegó a la muleta de Morante que junto a algunos muletazos sueltos con gusto, añadió una trincherilla crujiente y un sabroso cambio de mano en un menú breve que remató malamente con los aceros.

Su segundo, mansísimo, fue de peor condición. No quiso ni capote ni caballo. El público, desconocedor del reglamento, abroncaba a la presidencia para que devolviera al manso, entre tanto Morante intentaba tirar a la arena al astado con chicotazos. El usía cambió el tercio y ‘Morante el Breve’, sin atisbo de trasteo, lo cuadró y liquidó al regalito con dos pinchazos, media y descabello.

El Juli también contó con un pésimo lote. Con el tercero, cinqueño, manso de solemnidad, que de salida se volvió en busca de toriles, el madrileño desplegó oficio en los lances con el capote a un animal bravucón y de mal estilo. En la muleta el pajarraco se defendió a base de tarascadas con un torero que mantuvo el tipo y mató con habilidad al bicharraco que le esperó con peligro en dos envites.

El Juli tuvo un segundo cartucho con la misma o más dinamita. Tras lancear con delantales, el diestro, un tío, un león, expuso sin reservas ante un marrajo que se frenaba. Los muletazos que robó fueron muy meritorios. En la suerte suprema se vivió el momento más desagradable del ciclo. Dos pinchazos con exposición y en el tercero el toro, ágil de cuello, cazó al torero, al que lanzó por los aires en una cogida espeluzante, en la que salió lanzado por los aires. La fiera le buscó en la arena, intentando cornearle. El Juli se levantó de la refriega magullado y sangrando abundantemente a la altura de la sien derecha. Fueron segundos horribles. También llevaba un varetazo en el glúteo izquierdo. Al final, junto al callejón, con tranquilidad, le limpiaron la hemorragia, posiblemente originada de un golpe. El Juli se rehizo y mató con gallardía a su enemigo –porque este era un enemigo–. Recibió una gran ovación más que merecida.

En una tarde de contrastes, la cara amable del festejo se saldó con una feliz alternativa del ecijano Ángel Jiménez.

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