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La profecía de Ibáñez Serrador con 'El televisor'

  • El telefilme de 1974 es de lo más destacado del reconocido realizador y lo rodó poco después de haber sido director de programas en RTVE

Narciso Ibáñez Menta y María Fernanda D'Ocón en 'El televisor' Narciso Ibáñez Menta y María Fernanda D'Ocón en 'El televisor'

Narciso Ibáñez Menta y María Fernanda D'Ocón en 'El televisor' / RTVE

En los años sesenta y setenta TVE solía encargar a realizadores de prestigio una serie de trabajos que iban destinados a concurrir en certámenes internacionales.

El 5 de julio de 1974 estrenó El televisor, de Narciso Ibáñez Serrador, que narraba el delirio de un televidente al que la llegada de la pequeña pantalla a su hogar cambia la vida, hasta el punto de llegar a perder la razón. Todo es naturalista y real en esta película de 65 minutos que la web de RTVE, rtve.es, ha alojado dentro del paquete de la serie Historias para no dormir.

El visionado de aquel telefilme revolucionario y rupturista en los estertores del franquismo reviste gran interés por cuanto podemos extrapolar el planteamiento de la ficción de hace 45 años a la sociedad de nuestros días. ¿Qué habría sido del protagonista de esta historia, Narciso Ibáñez Menta, de haber vivido hoy entre tantos estímulos audiovisuales? ¿Hasta qué punto se habría encerrado en la burbuja de su casa rodeado de dispositivos móviles y pantallas de plasma olvidándose por completo de la realidad exterior?

Chicho Ibáñez Serrador lo plantea en forma de fábula con final que entronca con el género fantástico. El matrimonio formado por Ibáñez Menta y María Fernanda D’ Ocón y sus hijos (uno de los primeros trabajos de Kiti Mánver) viven plácidamente hasta él compra el electrodoméstico de sus sueños: un televisor que entonces sólo emitía en blanco y negro y a horas determinadas y seleccionadas del día. Eso sí, con una oferta suficiente como para que él decida que con lo que sale por la pantalla (y aquí es relevante el verbo ‘salir’) tiene más que cubierta su oferta de ocio. Modificando sus hábitos habituales.

Entonces, con esa oferta en la salita privada de su casa, ¿para qué este señor va a ir al teatro, si dispone del mejor palco, viendo a los actores en primer plano? ¿O al cine? ¿O a un concierto? No digamos a la misa dominical. Contando con una ceremonia en su cuarto de estar.

La ventana mágica trastorna el juicio a este premeditado Quijote moderno de los bizarros años 70, personaje al que siempre nos recordó el actor Narciso Ibáñez Menta, en esta historia en la que su hijo sustituye los libros de caballerías por la publicidad invasiva que dicta qué es lo que debemos o no consumir a través de los spots televisivos. Lo dicho, una obra del más que digno goya honorífico para revisitar con calma y con gozo en estos tiempos.

Un trabajo visionario para ver hoy mismo, con la resaca de los Goya, en la web de la cadena pública y comprender la magnitud de un realizador y creador inigualable en la televisión artesanal en España.

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