• Cinco alcaldes han gobernado Córdoba en un siglo XXI en el que la gestión ha estado marcada por más luces que sombras y que ha sufrido las consecuencias de dos crisis, la recesión de 2008 y ahora el covid

20 aniversario

Dos décadas con proyectos que no han terminado de arrancar

Rosa Aguilar y Andrés Ocaña en un pleno. Rosa Aguilar y Andrés Ocaña en un pleno.

Rosa Aguilar y Andrés Ocaña en un pleno.

Manu Fernández

Escrito por

· F. J. Cantador

Redactor

La portada del primer número de el Día mostraba el 19 de noviembre de 2000 a una Rosa Aguilar que había llegado al cargo año y medio antes. El siglo XXI estaba próximo a iniciarse y en una larga entrevista, la entonces alcaldesa se mostraba ilusionada en el futuro, un futuro que en dos décadas ha tenido en Capitulares sus luces y sus sombras, con gestiones que en algunos casos se han visto afectadas por las dos crisis que ha vivido el país desde 2000, la económica que comenzó en 2008 y la de la pandemia del covid de este 2020.

Pero no solo las recesiones han influido en esas luces y esas sombras. En Capitulares, por ejemplo, se es muy dado a que los proyectos se eternicen, algunos de ellos, durmiendo el sueño de los justos; o bien a que el gobierno local de turno deje en la cuneta los que había defendido el equipo ejecutivo anterior. Unas luces y unas sombras que también se han dado en estos últimos 20 años en el plano político. Sería iluso decir que no se ha avanzado en la gestión, pero también es justo reconocer que es mucho lo que se ha quedado en el camino.

En mayo de 1999, Rosa Aguilar accedió a la Alcaldía a pesar de que el PP de Rafael Merino ganó las elecciones. Un pacto entre IU y PSOE le dio el bastón de mando. Aquella era una época en la que, desde la Gerencia Municipal de Urbanismo, el socialista José Mellado se empeñó en diseñar una Córdoba tan futurista como utópica. Eran tiempos en los que pasaron por la ciudad los arquitectos más importantes del mundo con sus maquetas debajo del brazo. Se hablaba del Palacio del Sur, de los futuros vuelos del aeropuerto, de la Capitalidad Cultural de 2016 y de otras iniciativas que el tiempo haría amontonarse en el cajón de lo ilusorio.

Ese paquete de proyectos artificiosos influyeron en que la mediática y populista regidora –muy dada a aparecer en cuantas más fotos mejor, algo que parece que es intrínseco al cargo de alcalde o alcaldesa– consiguiera una sonada victoria de los comicios de 2003, tras los que, pese a no tener mayoría absoluta, sí que logró dejar a un lado al PSOE y gobernar en solitario. Un segundo mandato en el que lo planificado no despegaba, en el que a Córdoba se le llegó a llamar La ciudad de las maquetas y que se volvió turbio cuando el asunto de las naves ilegales construidas por el empresario Rafael Gómez en la antigua Colecor afloró y dio lugar a una comisión política que no llegó a nada.

Luego, en mayo de 2007, José Antonio Nieto llevó al PP al borde de la mayoría absoluta en lo que fue su primera comparecencia como candidato a las municipales. No obstante, Rosa Aguilar consiguió retener la Alcaldía con el apoyo del PSOE de Rafael Blanco. Comenzaba así un tercer mandato como regidora que ni siquiera terminaría. En 2009, se hizo realidad lo que parecía un secreto a voces: Aguilar daba la espantada de IU y del Ayuntamiento, y se embarcaba en el proyecto socialista para secundar a José Antonio Griñán en la Junta de Andalucía.

José Antonio Nieto interviene en un pleno. José Antonio Nieto interviene en un pleno.

José Antonio Nieto interviene en un pleno. / Barrionuevo

El encargado de terminar el mandato fue su fiel Andrés Ocaña, un periodo en el que se vivió una crispación constante en Capitulares. Dos años que supusieron la decadencia de IU en el Consistorio y tras los que Nieto –que se aprovechó del clima general español por la crisis– ganó las elecciones con mayoría absoluta. Esas municipales castigaron a IUy al PSOE hasta el punto de que se vieron superados por Rafael Gómez, que había fundado su propio partido, UCOR, y se convirtió en líder de la oposición, liderazgo que no ejerció.

El mandato 2011-2015 supuso un giro radical en la política municipal, en el que el PP se centró en la gestión económica. Los populares defendieron que les habían dejado el Ayuntamiento al borde de la ruina. Fueron cuatro años en los que Nieto dejó en la cuneta proyectos artificiosos, como por ejemplo el del Palacio del Sur, para apostar por otro que a día de hoy aún no es una realidad: el Centro de Exposiciones, Ferias y Convenciones del Parque Joyero. Un Nieto que fue perdiendo presencia en la ciudad cuando se rumoreaba que su futuro estaba más cerca de Sevilla que de Córdoba y al que la oposición lo tildó de El alcalde de las maquetas –con más intenciones que realidades–, muchas de ellas presentadas durante la campaña electoral de 2015.

Isabel Ambrosio en 2015 tras ser investida alcaldesa Isabel Ambrosio en 2015 tras ser investida alcaldesa

Isabel Ambrosio en 2015 tras ser investida alcaldesa

Llegaron las municipales y Nieto las ganó, aunque no con mayoría absoluta. Ni siquiera el apoyo de nuevos partidos en la Corporación como Ciudadanos le daba chance para revalidar la Alcaldía. Fue el momento de la izquierda. El PSOE rubricó un pacto de investidura con IU y Ganemos –la entonces marca blanca de Podemos en Córdoba– que colocó en el gobierno a la socialista Isabel Ambrosio.

Los socialistas habían cerrado in extremis antes de la investidura un acuerdo de gobierno con IU, que supuso la primera tenencia de alcaldía para Pedro García, quien asumió responsabilidades en Urbanismo y Turismo, cuyos frutos no fueron los finalmente esperados. Ganemos no entró en el ejecutivo –posteriormente lo intentó–, pero se convirtió en el socio perfecto para PSOE e IU en una gestión que a veces hizo aguas.

Fue un mandato que se centró en lo social y en el que se abordaron temas polémicos como el traslado de la cementera Cosmos o la gestión pública de la Mezquita-Catedral. Un tiempo en el que el cogobierno se vio lastrado en la gestión por la falta de personal en el Ayuntamiento y en el que muchos de los proyectos, como el Centro de Convenciones o la Normal de Magisterio seguían atascados.

José María Bellido en su toma de posesión. José María Bellido en su toma de posesión.

José María Bellido en su toma de posesión. / Juan Ayala

En 2019, Ambrosio perdió la Alcaldía. La historia de cuatro años atrás se repitió. El PP ganó las elecciones por mayoría simple, aunque esta vez sí le valió para gobernar Capitulares. Un pacto con Ciudadanos, con el apoyo necesario de Vox en la investidura, colocó al popular José María Bellido como regidor. En el cogobierno PP-Cs, Vox también se ha convertido en ese socio necesario para sacar adelante, por ejemplo, los presupuestos y las ordenanzas. Populares y naranjas son tan dependientes del partido de la extrema derecha como lo fueron en su momento el PSOE e IU de Ganemos.

Un equipo de gobierno, el del PP y Cs, que ha visto como después de menos de un año al frente de Capitulares tuvo que dejar a un lado su modelo de gestión (del que poco se ha visto aún) para centrarse en afrontar las crisis que está suponiendo la pandemia.

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