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El reto del zumo de naranja

  • El precio del cítrico en origen es de 0,10 euros el kilo, según los datos de Asaja, mientras que el coste en cualquier establecimiento por apenas 250 mililitros es de más de dos euros

Un camarero prepara un zumo de naranja en un establecimiento Un camarero prepara un zumo de naranja en un establecimiento

Un camarero prepara un zumo de naranja en un establecimiento / El Día

Resulta que el kilo de la naranja en el campo es de 0,10 euros –en el caso de la Navelina–, mientras que en los supermercados llega a los dos euros. Son los precios del arranque de la campaña que ya dio a conocer el Día hace una semana y que el pasado viernes vino a confirmar Asaja, quien tilda de "pésimo" el inicio de la recogida de cítricos en la comarca de la Vega del Guadalquivir.

La organización agraria sostiene que los precios en origen de las naranjas se han hundido después de un par de años en los que se habían recuperado ligeramente, debido a varios factores, entre los que destaca el solape con producciones de terceros países, especialmente por el acuerdo comercial entre la Unión Europea y Sudáfrica.

Pero es que lo peor de todo es que cualquier persona que acuda a un bar y pida un zumo de naranja recién exprimido tiene que llegar a pagar, como poco, hasta 1,80 euros por apenas 250 mililitros; no obstante, hay casos –dependiendo del establecimiento en cuestión– en los que el precio puede llegar a elevarse hasta los tres euros, cuando para hacerlo apenas se necesitan un par –o como mucho tres– naranjas.

Algunos expertos señalan que en este elevadísimo coste hay que sumar diferentes variables, desde el transporte de la naranja, hasta el uso de maquinaria específica –pongamos, una máquina automática de esas que ahora también se pueden ver en los supermercados–, además, de la mano de obra que lo ejecuta o simplemente lo sirve.

El de la naranja es sólo un ejemplo de las diferencias que hay entre lo que gana un agricultor por vender su cosecha, de uno u otro producto, el agricultor que trabaja la tierra cada día en condiciones climatológicas adversas, sin descanso y en jornadas interminables, y el coste final que acaba pagando el consumidor.

El tomate, el calabacín, el melón o la leche, por decir otros productos alimenticios, también sufren los vaivenes del mercado para que al final sea el cliente el que pague más por ello. Y más ahora, que empieza la temida cuesta de enero después de los consabidos y elevados gastos de las fiestas navideñas.

Ya sean terceros países, ya sean los distribuidores, ya que sea una pésima gestión del producto que encarece el valor de una naranja, lo que es cierto es que en este tipo de casos debe existir una regulación que evite que una persona tenga que pagar por un simple zumo de naranja hasta veinte veces más –por decir un mínimo– que el precio de origen. En España existen entidades como la Agencia de Información y Control de los Alimentos –organismo dependiente del Ministerio de Agricultura– que velan por este tipo de casos y tratan de evitar prácticas comerciales abusivas.

También existe el Índice de los Precios en Origen y Destino (IPOD). A pesar de ello, con el cítrico parece que no han dado con la solución, ya que sigue manteniendo unos precios no demasiados asequibles para las economías menos pudientes. En este último y, con los datos de noviembre del año pasado –los últimos que aparecen publicados en su web-, aparecen casos como el del ajo que se paga a 0,78 el kilo en origen, mientras que el de destino llega hasta los 5,26 euros, es decir, que cuando se va a comprar ajo se paga un 574%. O casos como, por ejemplo, el de la aceituna verde, que cuya diferencia es del 854% entre el origen y el destino.

Si este sigue así habrá entonces que ahorrar para seguir una dieta saludable o dejar a un lado el zumo de naranja en el desayuno a no ser que desde las administraciones haya un mejor control para el bien de todos.

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