Un mes del accidente ferroviario de Adamuz: "La gente no se olvida de lo que pasó, es imposible"
Los vecinos recuperan poco a poco la normalidad desde que el 18 de enero cambiara para siempre el destino del pueblo por una tragedia que "jamás será olvidada"
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"De aquí al cielo". Es la frase que tiene escrita, con letras rojas, una cruz de medianas dimensiones que ha sido clavada sobre la tierra a apenas unos kilómetros de la zona cero. Esa misma cruz también porta varios plásticos con recuerdos en su interior hacia las personas que perdieron la vida en la tragedia. Un humilde homenaje a los 46 fallecidos hasta la fecha en el trágico accidente ferroviario de Adamuz del pasado 18 de enero. Justo un mes después del suceso que conmocionó a Córdoba, Andalucía, España y a medio mundo, la vida en la localidad adamuceña prosigue con normalidad, el acceso al lugar del accidente sigue cortado con su respectiva vigilancia 24 horas y los vagones del Iryo continúan retirados junto a las vías a la espera de que sean reducidos a chatarra en un futuro próximo.
En el apeadero de Adamuz siguen todavía trabajando los operarios. A pocos metros de esa estación tuvo lugar el gravísimo accidente. Desde entonces, las vías no han estado nunca solas. Ni por esos quipos de investigación que desde entonces han trabajado en cuerpo y alma para esclarecer los motivos del suceso y ni por los técnicos que han trabajado a destajo para devolver la normalidad cuanto antes a la circulación ferroviaria, clave en la conexión de Andalucía con Madrid. Y, por supuesto, tampoco por el recuerdo de aquellos que jamás pudieron llegar a sus destinos y que trágicamente perdieron la vida en Adamuz.
Por todos ellos, el apeadero del pueblo porta desde entonces en su fachada una ofrenda floral para que perdure el recuerdo de las 46 víctimas y de los centenares de heridos a los que les cambió la vida para siempre aquel suceso del 18 de enero de 2026. Adamuz es hoy un pueblo recordado en toda España por la tragedia. Aquella fatídica noche, la historia de la localidad adamuceña cambió por completo. Sus vecinos se han cansado de ver el nombre de su pueblo en prensa y televisión, y de oírlo en la radio. Aunque agradecen seguir informados y son muchos los que quieren que se conozcan todos los detalles del accidente de la forma más transparente posible, es "dolor" lo que soportan cada vez que reviven lo sucedido.
"La gente no se olvida de lo que pasó, es imposible. Todos los días salimos en televisión y nos están recordando el accidente. Para una vez que salimos, es para una tragedia así. Lo que queremos es olvidarnos lo antes posible de la tragedia. Ya han arreglado las vías y han dado vía libre a la circulación de los trenes, entonces ya no queremos remover nada más", comenta indignado Andrés, uno de los trabajadores de un conocido taller de carpintería y metal de Adamuz.
Vecino del municipio de toda la vida, tiene muy presente aquel 18 de enero en el que fue partícipe del aluvión de solidaridad de todo el pueblo, que no dudó en ofrecer mantas, abrigo, comida y necesidades de todo tipo a aquellos heridos en el accidente ferroviario. "Ayudamos con lo que pudimos, que es lo importante", asegura Andrés. Justo enfrente de su taller se encuentra precisamente la Caseta Municipal de Adamuz. En la fatídica noche se convirtió en el espacio de atención a aquellos heridos que no fueron trasladados de urgencia a los centros sanitarios más cercanos. Más de un centenar de personas que tuvieron que ser atendidas en esta improvisada sala que se transformó en clave para la gestión de la tragedia en las horas más críticas.
Un mes después de que el tren Iryo descarrilara e impactara con el Alvia que cruzaba en sentido contrario, la Caseta Municipal vuelve a la normalidad. En este espacio no hay indicador alguno que recuerde a aquella noche. Justo un mes después, está todo preparado para que el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, dé un discurso tras el Consejo de Gobierno de la institución, que se celebrará este mismo miércoles en el Centro del Olivar de la Sierra de Adamuz con el objetivo de recordar otra vez de manera institucional a las 46 víctimas del accidente ferroviario.
Al igual que la Caseta Municipal, todo Adamuz busca volver a la normalidad. Una tarea que es complicada, pues sus poco más de 4.000 habitantes llevan un mes dándole vueltas a lo mismo: "¿Cómo pudo ocurrir algo así y morir tantas personas?, ¿cómo estarán esas familias que han perdido a un ser querido tan cerca de aquí?". Son preguntas que desde el 18 de enero se repiten vecinos como Paqui. A sus 77 años de edad, no había vivido nada similar, y menos en su pueblo de toda la vida.
"No ha cambiado nada en el pueblo, pero estamos más tristes. Pones la televisión y ves todo el daño que se ha hecho. Lees los periódicos y pasa lo mismo. Seguimos hablando de ello todos los días porque es algo que no se olvida. Esto aquí no se olvidará jamás", explica Paqui, quien, por motivos lógicos de edad, aunque se considera una persona "muy solidaridad y activista", no pudo ayudar en la noche del 18 de enero a los damnificados: "Yo no hacía nada más que llorar. No podía ir allí, a mis 77 años solo iba a estorbar, pero me alegra que el pueblo diese ejemplo de solidaridad por las que no pudimos hacerlo", indica la señora adamuceña, quien está orgullosa de sus nietos, que sí llevaron colchones, mantas, paños y todo tipo de enseres a la Caseta Municipal para que los heridos pudieran ser atendidos en las mejores condiciones posibles en una de las noches más terribles de la historia reciente de España.
Un mes después de la tragedia, sigue siendo "el principal tema de conversación" cuando Paqui se junta con sus amigas. Un grupo sano y agradable de vecinas que tiene claro que "jamás" olvidarán lo sucedido a pocos kilómetros de sus casas, donde siempre han vivido "con muchísima tranquilidad", alejadas de cualquier suceso importante, de ser el centro de las miradas de todo un país y el motivo de las condolencias de millones de personas. "Un pueblo normal que quiere seguir siendo eso, normal", como señala Paco, otro de los vecinos de la zona. En los bares y mercados "no se habla de otra cosa", aunque "a veces se sacan a propósito otros temas de conversación, porque hablar siempre de lo mismo duele en este pueblo".
Le duele a Paco, que lleva décadas viviendo en Adamuz; también a Paqui, adamuceña desde hace 77 años; y a Ian, a quien a sus 17 años le ha tocado vivir una experiencia tan trágica que ni se imaginaba que podía ser verdad cuando se enteró en la misma noche del 18 de enero: "Empecé a ver que había un montón de ambulancias en la autovía. Todos los vecinos hablaban de un choque, y todavía a día de hoy se sigue hablando de ello. A Adamuz lo veo más apagado, antes estaba más feliz, pero confío en que con el tiempo se olvidará, aunque entiendo que es normal que estemos así porque lo que pasó fue una barbaridad", relata el joven Ian.
La normalidad llegará. De hecho, el ritmo habitual de vida en Adamuz no ha cesado desde entonces: centenares de personas de camino al trabajo cada mañana, tiendas y restaurantes abiertos, cafés y meriendas por las tardes, ocio nocturno... Sin embargo, el recuerdo sigue estando muy presente. El recuerdo de 46 personas que, en un instante, perdieron la vida en un pueblo que ha pasado de ser pequeño y discreto, a convertirse en el epicentro de la tragedia nacional y en un ejemplo de grandeza y entereza que está siendo reconocido en todos los rincones del mundo.
Adamuz no olvidará jamás lo ocurrido. Y poco a poco recuperará su naturaleza alegre tan característica de un pueblo andaluz humilde y con una buena calidad de vida. Sus vecinos, de momento, celebran que se haya recuperado la circulación ferroviaria con cierta normalidad. Adif ha restaurado las vías justo un mes después del accidente. Los primeros trenes en cruzar por el tramo de Adamuz lo han hecho despacio, con la limitación de 60 kilómetros por hora, y muchos de sus maquinistas dando una sonora pitada -ya sea como homenaje o como protesta- al pasar por el punto donde el Alvia quedó totalmente destruido. La alta velocidad regresa con restricciones mientras que Adamuz sigue sobreviviendo un mes después de que el destino del municipio cordobés cambiara para siempre.
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