La historia del Zacatecas, el imponente Cristo indiano de Montilla que se expone en el Museo del Prado

Campiña Sur

La imagen, que forma parte de la exposición 'Tornaviaje', acaba de cumplir su 445 aniversario en la localidad cordobesa

Cristo de Zacatecas en su retablo en Montilla.
Cristo de Zacatecas en su retablo en Montilla. / Cedida Por La Hermandad.

El tornaviaje es, literalmente, el viaje de regreso. El más importante de la Historia es tal vez el que protagonizó Cristóbal Colón tras el descubrimiento del Nuevo Continente, aunque hubo muchos más. Y prácticamente cada ciudad, cada municipio, es capaz de contar un tornaviaje de película protagonizado desde las Américas por algún héroe local.

El regreso se hacía con una carga de fortunas y de infortunios, según el caso. A Montilla, en el último tercio del siglo XVI, Andrés de Mesa regresó triunfal con muchas historias que contar, casado con Francisca Cortés –nieta de Hernán Cortés, el conquistador de México– y un buen número de bienes entre los que había un imponente Cristo barroco de algo más de dos metros de altura construido con una mezcla de fibras vegetales de caña de maíz y encolados.

La talla, grandiosa por su tamaño, su colorido y las emociones que provoca, despertó pronto el fervor y la compasión de los montillanos, y Andrés de Mesa, el 10 de septiembre de 1576, lo donó a la Cofradía de la Vera Cruz, que todavía la custodia en una capilla de la parroquia de Santiago Apóstol.

Aunque, desde el lunes, el Cristo de Zacatecas –como popularmente se le conoce– protagoniza otro periplo, en esta ocasión hasta Madrid, donde participa en la exposición Tornaviaje. Arte Iberoamericano en España, que se desarrolla en el Museo Nacional del Prado del 5 de octubre al 13 de febrero de 2022. “Es un orgullo para nosotros porque supone un reconocimiento de la valía artística e histórica de nuestro titular. Pero no solo eso. Es también una manera de dar a conocer esta devoción, que al final es la razón de ser de la cofradía”, subraya con emoción el hermano mayor de la Vera Cruz, Miguel Navarro.

Expertos en el traslado de obras de arte se desplazaron en la mañana del lunes a Montilla, de donde el Cristo partió en torno a las 09:30 en una caja ignífuga a medida y sin cruz. Y, el jueves, en torno a las 11:30, se produjo el desembalaje en el Prado, con la presencia de sendos enviados de la Diócesis de Córdoba y de la hermandad como testigos-notarios. Todo estuvo en orden. Habrá la oportunidad de volver a contemplarlo a partir del 5 de octubre con una base nueva y rodeado de otras piezas facturadas en Iberoámerica que, como el Zacatecas, regresaron a España y alimentaron una sensibilidad mestiza y abierta, un aire nuevo que impregnó el arte y caló en las sensibilidades del momento.

Detalle del rostro del Cristo de Zacatecas.
Detalle del rostro del Cristo de Zacatecas. / El Día

Córdoba es la provincia andaluza donde se ha documentado el mayor número de cristos indianos, nueve. Se conservan en la capital –el conocido popularmente como Esparraguero es uno de ellos–, en Lucena o en Monturque. ¿Por qué entonces el Museo del Prado ha seleccionado al de Montilla? Miguel Navarro aporta algunas claves: “En primer lugar, por su excelente estado. La cofradía, tras su refundación, lo restauró en 2005 y salío en procesión al año siguiente por primera vez. En segundo lugar, por la calidad artística. Es de los primeros que se hicieron en el Nuevo Continente y conserva la impronta de los maestros españoles; otros muchos fueron realizados por aprendices. Y, en tercer lugar, porque se encuentra muy bien documentado”.

De la larga historia del Cristo de Zacatecas, de cuya presencia en Montilla se han cumplido 445 años unos días antes de su partida al Prado, se conoce prácticamente todo. Cuando fue donado en 1576, pasó a presidir el altar mayor de la desaparecida ermita de la Vera Cruz, uno de los templos más antiguos de la villa, ubicado donde ahora está el patio del colegio salesiano.

En 1720 se culminó el nuevo retablo mayor de la ermita, presidido por el Santo Cristo de Zacatecas; en 1809, cuando el templo se vio sorprendido por la invasión francesa, la cofradía lo trasladó de urgencia a la parroquia de Santiago para ponerlo a resguardo. En el principal templo montillano ha pasado por distintas ubicaciones, entre ellas el altar mayor pendido de dos cadenas, donde se ubicó hasta 2003, cuando fue trasladado a la capilla lateral donde se venera en la actualidad.

Uno de los episodios más llamativos de su larga historia se produjo en el siglo XIX, cuando la imagen sufrió el robo de su corona y de sus potencias de plata. Por fortuna, la rápida intervención de la Guardia Civil hizo que el ladrón fuera apresado en el camino de Aguilar, cuando emprendía su huida hacia la localidad vecina. Como escarmiento, los agentes de la Benemérita obligaron al delincuente a entrar andando a Montilla desde la calle Fuente Álamo y hasta la prisión, mostrando en sus manos la corona y las potencias que había pretendido robar.

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