El verdadista

F. J. Cantador

El último vals

17 de enero 2026 - 03:06

Cuentan que cantas El último vals, y mientras suena ese aviso a despedida elegante de los escenarios, cuentan que te han visto salir del número 7 de la calle Melancolía, donde tu amada Jime, acompañada de un wiski sin soda propio de una noche de sexo sin boda, suele ser como una sombra que se tumba a tu lado en la alfombra a la orilla de la chimenea, enfundada en medias negras. Cuentan que ya apuraste esos 19 días y 500 noches de resaca vital en la que no te sumergió ese aleatorio percance en el que aseguras que no pasaba de los 20 el mayor de los tres chicos que vinieron a atracarte el mes pasado, sino que esa ya exresaca fue otro fruto de aquellas negras noches que quemabas como si fueras el mayor de los conductores suicidas, negras noches que suelen acabar en aquel hotel, dulce hotel.

Cuentan que has firmado un inimitable legado musical tras llegar con tu amigo Satán a un pacto entre caballeros para que a tus 40 y muchos –que dices que tienes–, tan joven y tan viejo (like a rolling stone), no llueva sobre mojado en tu vida y, como Lázaro, resucites hasta reescribir la canción más hermosa del mundo. Cuentan que vuelves a estar como loco por incordiar como tú sabes, cantando en los escenarios mentiras piadosas. Y cuentan que te han visto caminar antes de que os dieran las diez por el Bulevar de los sueños rotos perseguido por una Barbi Superstar a la que recordabas que “ahora es demasiado tarde, princesa”; y por un periodista, a quien le insistías que te sobran los motivos para un nuevo LP en estos tiempos en los que cada vez hay más tiendas de discos cerradas por derribo.

Cuentan que más orgulloso que nunca, portando bombín en alto entre calada y calada a un último e infinito cigarro, exclamas un “ay Carmela, ay Rocío” con la mente puesta en tus dos hijas, para cada una de las cuales siempre tienes preparado un “y sin embargo te quiero” o un “así estoy yo sin ti” y a las que les recomiendas “vámonos pal Sur”, pa tu Sur, pongamos que hablo de tu Úbeda, pongamos que hablo de (tu Atleti de) Madrid.

Cuentan que dices que no quieres ser el Dylan español, que sólo eres Sabina, el que tenía que tener cuidado con la Josefina; que no eres ese crápula que aseguran; en fin, que no te cuenten más una de romanos, que no se les ocurra robarte más el mes de abril. Y tú, a todo eso que cuentan respondes con tu humor canalla por montera: “lo niego todo, incluso la verdad”; y te despides, cómo no, con un “no olvides guardar un último vals para mí”.

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