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Una política metafísica

Es, como lo diría el paisano, tratar de averiguar si nos movemos con la realidad o es todo simplemente poesía

En un muy viejo cartapacio de ejemplos y cuentecillos se incluye esta historieta: Una oficina necesitaba un adelantado de los trabajos y el mandatario mandó convocar una concurrencia para averiguar a quien designar. El caso es que, mediando el trámite y aún no averiguado, al que habían concurrido en demasía, uno de los demandantes, presentándose donde cumplía la tarea, dijo que él asumía el trabajo, lo que llenó de dudas y desconfianzas a todo aquel que iba conociendo el sucedido. Hasta que alguien decidió inquirir al dicho mandatario que explicara con un "sí" o un "no", pues no cabía otro curioseo, el absurdo e intempestivo sucedido, o sea, si de esa forma tan misteriosa había finalizado la diligencia. Mas este, a la cuestión planteada, respondió narrando los problemas que presenta la novela picaresca en el Quijote, las incongruencias de la Historia de España del P. Mariana, y hay quien asegura que las referencias del Mahabharata y el Ramayana para seguir explicándolo a sus interpelantes... Los antiguos cronicones interrumpen en este punto la narración pero el busilis del cuento es suficientemente explicativo de una manera de comportamiento público.

El principio de verificación es, como su mismo nombre sugiere, una referencia de que dispone la mente y el sentimiento humano para determinar si los elementos epistemológicos, es decir, si lo que conoce y percibe es algo que tiene que ver con la realidad o, simplemente, es una ficción mental. El uso de este principio, de este termómetro es algo que no solo utilizan las ciencias y todos los saberes sino cada uno de nosotros cuando necesitamos comprender la incumbencia de lo que sabemos y conocemos. Es, como lo diría el paisano, tratar de averiguar si nos movemos con la realidad o es todo simplemente poesía, simplemente palabras que no significan nada.

A este respecto, la política tiende a prescindir de este tipo de controles y así se mueve en un mundo particular y artificial, ajeno a lo que el ciudadano vive y persigue. El caso del cuentecillo es bastante claro: el responsable político se encuentra satisfecho, quizá, de su acción y de sus capacidades y, como no utiliza ningún registro que mida su relación con la vida, hasta cree hacerlo bien, sin darse cuenta de que es lo que antes se llamaba despectivamente, en este caso, una actividad ¿metafísica? Pues así nos va y así vamos a tener que respirar más cada vez y día.

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