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Ni oprobio ni olvido: orgullo

Pueden no gustarle nada ni Vox ni Abascal, pero su nuevo discurso de reconciliación nacional apela a todos

A usted puede gustarle más o menos o nada Vox, y seguro que tiene muy sopesadas razones, pero la postura de Abascal ante la memoria histórica tendría que interesarle. Es un giro copernicano frente al neoenfrentamiento que ofrece Sánchez y a la amnesia autoinmune que abstiene a la derecha. Abascal ha inaugurado un discurso inédito de reconciliación nacional. No lo basa ni en el oprobio ni el olvido, sino en… el orgullo. Si usted está orgulloso de sus abuelos republicanos, muy bien; si lo está de los nacionales, perfecto; y si tuvo un abuelo en cada bando y adora a ambos, igual de bien. Un Estado no puede obligar por Decreto-Ley a que nadie reniegue de sus antepasados ni a cambiar la historia ni a uniformar ideas.

Esa libertad es lo elemental de su discurso, pero su secreto está en el tono. Hablamos de una guerra terrible, desde luego, pero pasada. Quizá Abascal esté en esto más con nuestro tiempo que el resto. Alfonso XIII comentaba que las picardías de una abuela no se veían igual si era tu mujer o tu madre que si eras un nieto, que puede permitirse otra perspectiva. La Guerra Civil fue durísima, pero nos libró de la mundial, y váyase una cosa por la otra.

El discurso del orgullo soluciona de un plumazo sus complejos a la derecha de siempre. El olvido asimétrico ha sido una debilidad sistémica frente a las arremetidas deslegitimadoras de la izquierda. Véase ese tic de última hora de decir "No es Franco, es la cruz", como si Franco, por sí mismo, no mereciese ni el descanso.

Pero el discurso de Abascal también es muy terapéutico para la izquierda, que tendría que agradecerlo. La izquierda desprecia a Franco: sus dotes militares, intelectuales y personales, pero Franco les ganó la guerra. Lo que hace su derrota ridícula y, por tanto, vergonzosa. Franco, en cambio, era un militar reconocido en toda Europa y por la propia República y dijo, además, que la infantería republicana era la segunda mejor del mundo, después de la nacional, lo que ameritaba su victoria, sí, pero daba al contrario la dignidad que tuvieron.

Con su llamada al orgullo de todos por todos sus antepasados y por la España que ha sabido salir de tales vicisitudes, Abascal no está hablando sólo a sus votantes. Propone otro enfoque que el que había funcionado más o menos durante la Transición hasta Zapatero, pero ya no funciona. Se trata de mirar más y mejor al pasado para mirar mejor y más al futuro.

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