Por montera
Mariló Montero
No es religión, es burka
Ha tenido que irse a la India –oficialmente, a formular una juiciosa advertencia sobre la inteligencia artificial–, para decir algo del pésimo resultado obtenido por su ex portavoz, Pilar Alegría, en las elecciones de Aragón.
¿Qué ha dicho? “Nuestro electorado se está quedando en la abstención (...) Trabajaremos para que se movilice cuando lleguen las elecciones generales”. Aparte de la estupidez y soberbia, generalizadas en todos los partidos, de adueñarse de la voluntad de los ciudadanos como si fueran de su propiedad para siempre sólo porque una vez los votaron, las palabras de Pedro Sánchez reflejan su inequívoco narcisismo y su desafección hacia el partido que lidiar.
Quizás haya sido una traición del subconsciente o un descarnado ataque de sinceridad, pero el mensaje objetivo que emerge de esta declaración en Nueva Delhi es: el desastre electoral de Aragón, como antes el de Extremadura, indica que muchos antiguos votantes del PSOE se refugian ahora en la abstención, de modo que hay que trabajar para que vuelvan a votar a los socialistas... en las elecciones generales.
Esto va de prioridades. Si la prioridad de Pedro Sánchez fuera la recuperación del PSOE, muy golpeado por los escándalos de los últimos tiempos y atravesado por un espíritu de derrota, habría reaccionado de inmediato con alguna iniciativa potente que frenase ya la decadencia, entre otras cosas para que los fracasos de Extremadura y Aragón no se repitan en Castilla y León y Andalucía. Pero él se fija como objetivo las elecciones generales. Las suyas. En realidad, si su prioridad fuera el Partido Socialista no hubiera mandado a ministros y líderes territoriales a los mataderos autonómicos a inmolarse, con la vana ilusión de que los ciudadanos desfoguen en ellos sus quejas y malestares y no los manifiesten con rotundidad en las elecciones generales. Que son las que le importan.
Es un autoengaño, no sé si voluntario o inconsciente. Pretende ignorar que el cabreo que la gente ha ido acumulando en este segundo mandato suyo, es con él, con algunas de sus políticas, algunas de sus alianzas y algunas de las corruptelas de su entorno. También ignora –en este caso, deliberadamente– que la ola conservadora que marca todas las convocatorias electorales no se alterará, como por arte de birlibirloque, cuando lleguen las generales. El problema, que es él, no puede ser la solución milagrosa.
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