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En el Festival de Cine en Español de Málaga le han dado la Biznaga de Oro a una película en catalán. Seguro a que los indepes les disgusta, pero no sólo a ellos. Los dos ultranacionalismos hispanos, el independentista catalán y el de la Reconquista, se retroalimentan. No es imaginable el auge de Vox sin la herida emocional que el supremacismo del procés ha causado en la mitad de Cataluña y en la inmensa mayoría del resto de España. Y con la Generalitat dedicada al género bufo la decepción sigue creciendo. A mayor admiración por lo catalán, mayor desencanto. ¿De verdad Torra o Puigdemont son lo mejor que tienen para representar sus intereses? Para que se entienda, el numerito de los lazos en las sedes es tan patético como Mourinho metiéndole el dedo en un ojo al entrenador del Barça después de perder un partido.

Pujol resultó ser un hombre deshonesto, pero durante su desempeño como presidente fue respetado dentro y fuera de España. Después vinieron las rebajas y los camuflajes. Había que tapar el 3% y, degenerando en un juego de matrioshkas, Convergència se escondió en Democràcia i Llibertat, Junts pel Sí, Junts per Catalunya, la Crida... Tapar, tapar y tapar, igual que el bufón Torra tapa lazos amarillos con blancos y los blancos con la declaración de los derechos humanos. Los derechos individuales de la mitad de la población pisoteados desde las instituciones, pero presumiendo de lo que se carece. Munición de primera clase para el otro ultrapatriotismo.

Ahora los independentistas piden votar contra Vox. He aquí una perfecta sociedad de bombos mutuos. Además tienen la misma biblia ultra. Comparten principios y estrategia: soberbia supremacista, provocación permanente, victimismo ávido de impunidad, desprecio al disidente… Todo envuelto en la coartada de la libertad de expresión. Desde que empezó en el Parlamento andaluz, Vox ha descubierto que cualquier ocurrencia se convierte en un gran titular. La lista de sus dogmas marea: los particulares necesitan armas de fuego, salvamento marítimo es un autobús de apoyo a las mafias, el holocausto no existió, los familiares de las víctimas de la guerra son buscahuesos, la homosexualidad es una enfermedad... A mayor provocación, más espacio en los medios.

Y sus parientes ideológicos catalanes llamando a un frente contra el monstruo que han contribuido a levantar. Las coincidencias entre ambos ultranacionalismos podrían tener una excepción sobre el inquilino que querrían en La Moncloa. En el fondo, Torra&Puigdemont preferirían un Gobierno que aplicase un 155 duro y alentase el aumento de indepes. Y Abascal elegiría que Sánchez siguiese de presidente y el independentismo catalán tuviese la llave del nuevo Gobierno, para seguir creciendo a costa de PP y Cs. De momento, se acompañan en el sentimiento: el premio a una película catalana en un festival de cine en español seguro que contraría también a Vox.

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