Memoria y poder

02 de febrero 2026 - 03:07

El día 27, en Casa Sefarad, se conmemoró la Shoá. Memoria, atención, mirar y mirarse sin desviar los ojos. Como era previsible, hubo quien deslizó críticas veladas: que por qué ahora, que por qué allí, que por qué hacerlo si algún indeseable también recuerda. Como si la memoria fuese un juego de suma cero.

Que conmemoren el Holocausto el grotesco Trump o el infame Netanyahu no deslegitima nada. Al contrario. Utilizar eso para desacreditar la memoria solo encubre una cosa: antisemitismo edulcorado, envuelto en falsa equidistancia moral. La Shoá no pertenece a ningún gobierno ni a ningún canalla que la invoque. No es solo un relicario para fechas señaladas. Es una advertencia permanente sobre lo que ocurre cuando el poder deshumaniza y la sociedad se acostumbra. Cuando el lenguaje se vuelve técnico, administrativo, necesario: cuando la crueldad se gestiona.

Por eso resulta imposible no mirar hoy hacia las prácticas del ICE sin recordar cómo funciona la pendiente resbaladiza de la deshumanización. Centros de detención convertidos en rutina, deportaciones sin alma, familias partidas en nombre del orden. No es lo mismo, nunca lo es. Pero rima lo suficiente como para no callar. Renee Good y Alex Pretti muerta y muerto a manos del poder enfermo de poder. Minneapolis toda en la calle. Y no solo, muchas ciudades de Estados Unidos hicieron lo mismo. Las llaman ciudades santuario. Si existen santuarios es porque existe cacería. De presa humana.

Tengo buenos amigos en el Partido Demócrata y en el Partido Republicano. Gente decente en ambos lados. Precisamente por eso la pregunta es incómoda: ¿cuánto tiempo más van a callar los republicanos que saben que esto es inadmisible? El boss Springsteen lo dice paseando con orgullo su rebeldía: cambian las máscaras, pero son la misma mierda. Y lo canta desafiante: “a través de la niebla sangrienta, defenderemos nuestra tierra”. El abuso cambia de lenguaje, de bandera y de acento. Pero siempre pide lo mismo: miedo y silencio.

No le demos ni lo uno ni lo otro. Tengamos memoria. Ejerzamos poder. Cuando el cargo normaliza la crueldad, da igual si lo hace desde el despacho oval, no hay debate moral ni excusa política, hay causa de impeachment. No tarden.

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