Brindis al sol
Alberto González Troyano
Malos tiempos para la Política
Galaxia Gutenberg -espléndida creación para Círculo de Lectores de ese gran editor que fue Claudio López Lamadrid, prematuramente fallecido a principios de este año- nos ha regalado un Vasili Grossman inédito, Que el bien os acompañe, las notas de su viaje a Armenia escritas en 1962, dos años antes de su muerte. Un Grossman de sólo 56 años, pero prematuramente envejecido, enfermo y amargado porque se había prohibido la publicación de Vida y destino, su obra maestra en la que había trabajado una década -aquel mismo 1962 la KGB requisó las copias del original e incluso las cintas de su máquina de escribir y él murió creyéndola perdida: ¡y eso que eran los tiempos aperturistas de Kruschev!-, viajó por Armenia durante dos meses. Lo que escribió sobre este viaje es un conmovedor canto a la humanidad, la bondad, la voluntad de resistencia frente a la desgracia y el mal.
Un hombre derrotado, empobrecido y acorralado, que ha sido testigo de los horrores de las purgas de 1937, la guerra, los campos de exterminio nazis y el gulag estalinista, no puede evitar llorar al convivir con los dignos y austeros campesinos, obreros y artesanos armenios, tan perseguidos a lo largo de la historia como lo habían sido los judíos, de cuyo Holocausto Grossman fue testigo y cronista en El libro negro y El infierno de Treblinka. Contemplando a los invitados a una paupérrima fiesta de bodas escribe: "Sentía la dureza de su trabajo, la pobreza de su ropa y su calzado, sus arrugas, sus canas, la curiosidad burlona y juvenil de las chicas bellas y no tan bellas, las almas poderosas y la prodigiosa sencillez de los trabajadores. Sentí y comprendí su honestidad, la dureza de sus vidas, su amabilidad y buena disposición hacia mí. Estaba en mi casa, entre los míos. Entramos en una habitación de piedra: ¡qué pobreza tan severa! ¡Qué bueno ser honesto y pobre!".
Es necesario aclararle a quien no conozca la arrolladora humanidad y la dura vida de Grossman, quien tan bien conoció la pobreza hasta su amargo final, que se refiere a la austera pobreza honrada y trabajadora de quien -como escribió Peguy- dispone de lo indispensable para vivir, sin lujos superfluos, pero con el necesario decoro, y no a la pobreza extrema ni a la miseria. Pues hasta esta pobreza trabajadora y digna les ha sido robada a quienes han sido reducidos a la marginación y la pobreza abyecta de los guetos de nuestras opulentas ciudades.
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