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Menos fachas

Los cuatrocientos mil que votaron a Vox por todos los rincones de nuestra región ni son fascistas ni neonazis

El 2-D quedará ya para siempre como el día que se derrumbó el PSOE andaluz, y con él la Junta tal como siempre la hemos conocido, y los ecos del estrépito tardarán en apagarse. Pero ese día también se recordará como la irrupción en la escena política de un nuevo partido a los que la mayoría no hacíamos gran caso, y mira que tenemos amigos que llevan tiempo bombardeándonos con patrióticas consignas apasionadas.

Cualquiera que tenga contacto con la derecha sociológica, esa marea grande de ciudadanos de todo tipo y condición (hasta votantes vergonzantes del PSOE pueden perderse en ella…), sabe que los cuatrocientos mil que introdujeron la papeleta de Vox por todos los rincones de nuestra región ni son fascistas, ni neonazis, ni siquiera antisistema. Alguno habrá, no digo que no, pero la mayoría son ciudadanos anónimos hasta hora en la órbita del PP que, por distintas razones, han visto en este movimiento un cauce donde expresar sus inquietudes y, sobre todo, encontrar unas respuestas que la derecha clásica hace tiempo renunció a darles.

Es en el campo de las ideas sobre cuestiones no solucionadas por la sociedad española y la izquierda ha venido extendiendo desde los tiempos de Zapatero su manto moralizante en forma de leyes sin un mínimo consenso (aborto, género, memoria histórica…), aumentada por esa insurrección catalana medio consentida en una deriva autonómica descontrolada, donde Vox ha lanzado sus redes con un éxito más sorpresivo que sorprendente. Lo que mucha derecha criticaba por lo bajini en conversaciones de mesilla y café, Abascal y compañía lo han cantado a los cuatro vientos sin complejo alguno y el personal, venido arriba, ha decidido seguirles en esta aventura a la que es difícil augurarle el futuro.

Si no fuera porque la lastimera aparición de Susana Diaz la otra noche llamaba sobre todo a la compasión, diríamos que su estudiada apelación a los otros a ni hablar siquiera con ellos por considerarlos un partido anticonstitucional entra en la antología del más puro cinismo político. Si Vox finalmente se tira al monte del supremacismo antieuropeo el tiempo lo dirá, y muchos entonces dejarán de votarlo, pero de momento es un partido democrático como todos. Y tampoco hay que ser un facha de gomina y banderita en el reloj para dejarse dar lecciones por quienes llevan meses cortejando a separatistas, prófugos y radicales.

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