La esquina
José Aguilar
Óscar Puente no está para Adamuz
Tenemos una mejor sanidad pública ahora que hace veinte años? ¿Tenemos una educación pública mejor ahora que hace veinte años? ¿Tenemos mejores universidades? ¿Mejores carreteras? ¿Mejores servicios sociales? ¿Tenemos una mejor atención a los usuarios en cualquier administración pública? ¿Tenemos mejores guarderías? ¿Mejores viviendas de protección oficial? ¿Tenemos una mejor administración de justicia?
Son preguntas interesantes, sobre todo después del terrible accidente de Adamuz. En España se pagan muchísimos impuestos –quienes los pagamos, claro–, pero uno tiene la sensación de que los servicios públicos se han ido degradando de forma irreversible en estos últimos años, de modo que algo funciona terriblemente mal en la gestión de los presupuestos. Es evidente que se prefiere la inversión ideológica –diversidad, feminismos, nuevas identidades, fablas diversas, coros y danzas, blablablá– antes que la gestión responsable de todos los servicios que deberían cubrir las necesidades de los ciudadanos. Yo no sé si somos conscientes de que existe un Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. Vale, entendemos que haya un ministerio de la Seguridad Social, un pilar indiscutible de nuestro Estado del bienestar. Pero ¿qué pintan ahí las
Migraciones (¿qué clase de migraciones? ¿De dónde a dónde? ¿De quién a dónde? ¿Y en qué condiciones?). Porque, vamos a ver, si hay un país en el que la inmigración esté mal gestionada, ese país es España. Y yendo un poco más allá, ¿no está poniendo en peligro la supervivencia de la propia Seguridad Social esa obsesión por las Migraciones? ¿Hasta qué punto podemos sufragar la solidaridad universal? ¿Hay recursos públicos suficientes? ¿Es sostenible todo eso?
Hay gente que se escandaliza cuando alguien se hace estas preguntas. Ya está aquí el neoliberal fascistoide, gritan. Muy bien. Pero todos sabemos que hacerse estas preguntas no es simple propaganda antiprogresista. Cualquiera que mire a su alrededor se dará cuenta de que los servicios públicos se están degradando a un ritmo preocupante. Y hay que estar muy ciego o muy fanatizado para no darse cuenta de ello. Pensemos, por ejemplo, en el estado de las vías de Adamuz. ¿Propaganda? ¿Delirio? ¿Bulos? Ustedes mismos.
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