Reloj de sol

Joaquín Pérez Azaústre

Qué cara

24 de abril 2009 - 01:00

AHORA qué va a pasar con esa chaquetilla que ha llevado siempre en las campañas, qué es lo que va a ocurrir con esa chaquetilla roja de piel, de cuero bien curtido en las estelas parlamentarias y en las fotografías de las asociaciones vecinales. Rosa Aguilar se va, por su propio bien y también por el de Córdoba. Esto es lo que ha dicho Rosa al despedirse, que desde su nuevo cargo como consejera no sólo no ha roto su compromiso con Córdoba, sino que, al contrario, le permitirá "hacer mucho" por la ciudad: probablemente, podríamos añadir, cuanto no ha terminado desde aquí. Pero, ¿será posible pagar en la distancia la deuda acumulada en una década? Quiero decir, ¿de verdad cree Rosa Aguilar que vamos a creernos esta contradicción, que es un clamor de torería política hincada en el testuz del ciudadano? No sólo se va, sino que además lo hace por nuestro bien, después de haber asegurado tantas veces que su único objetivo político era Córdoba. Pero quizá Córdoba gana, como su carrera política, porque resulta imposible concebir una inacción mayor desde un Ayuntamiento, una ausencia tan grande de proyecto ni una paralización más absoluta y más embarrancada en su molicie.

No tengo tan claro el optimismo de Rosa con respecto a Andrés Ocaña: ha dicho Rosa que sería "un magnífico alcalde", pero si eso significa una continuidad de esta parálisis, de esta apoplejía del trabajo público, cualquier expectación será excesiva. Sin embargo, aunque a lo mejor la ciudadanía no ha calibrado suficientemente el posible talento de Ocaña, lo cierto es que trabajar, algo habrá trabajado, porque en las fotografías únicamente salía Rosa Aguilar. Han sido éstos diez años de fotos, en cada barriada, en cada calle, también en cada esquina, conociendo el nombre del hijo del quiosquero, que en esto Rosa Aguilar ha sido una maestra y lo seguirá siendo, aunque al final, luego de todo este bien quedar, ha terminado mal, como la historia más triste de todas las historias, que escribiera Jaime Gil de Biedma, porque después de tanta foto abierta y tanto escaparate y tanto decir que Córdoba era lo primero de su lista ha tirado la lista a la basura y ha sido la más lista de la clase, dejando atrás a un pelotón de los torpes que nunca la quiso. "Soy la misma de ayer, hoy y mañana", ha dicho Rosa, y esto es lo malo, o lo bueno. Ha demostrado tener la cara más compacta que el cemento de las naves de Colecor de Rafael Gómez, lo cual en estos tiempos quizá es virtud política. Hace diez años, recuerdo un artículo de Octavio Salazar celebrando su llegada, y también otro mío. Aguantó mientras no encontró un lugar mejor al que acudir. Descrédito final, ha dejado a Córdoba lastrada por su deriva pública.

También te puede interesar

stats