Editorial

Seguridad en los autobuses

LA empresa Autobuses de Córdoba (Aucorsa) está estudiando seriamente colocar cámaras de vigilancia en los coches de línea con el objetivo de evitar los ataques que los conductores sufren por parte de algunos usuarios. La presidenta de la sociedad municipal, la edil socialista María Ángeles Luna, entiende que la medida, cuyo momento de puesta en marcha aún no se conoce, "servirá para evitar muchas situaciones desagradables", si bien no logrará erradicar el problema que los trabajadores denuncian. Aucorsa considera además que esta iniciativa será suficiente y descarta la idea de colocar mamparas de seguridad en el espacio que ocupa el conductor, aludiendo motivos técnicos "que dejarían acorralados" a los chóferes, quienes además reclaman que la línea 6 -que llega al barrio del Guadalquivir- cuente con vigilancia privada a partir de las 19.00, del mismo modo que ya ocurre en la línea 8, que atraviesa el barrio de Las Palmeras.

Más allá de la pertinencia o no de estas medidas que plantea Aucorsa -y que si los empleados de la compañía reclaman, sin duda son necesarias- debemos plantearnos hasta qué punto el vandalismo y las conductas incívicas se están asentando en nuestra sociedad. No es que las buenas formas hayan desaparecido y cada vez sea más difícil ver a alguien ceder su asiento a personas mayores o embarazadas, sino que la crisis de valores por la que atraviesa nuestra sociedad ha convertido los empleos de cara al público en una profesión de riesgo. Y no sólo en las llamadas zonas marginales de la ciudad sino también en muchos barrios en los que se cree imposible que se produzcan incidentes de relevancia. En este sentido, cabe señalar que las últimas denuncias de los sindicatos han sido por disturbios producidos en líneas de transporte de muy diverso tipo y no en lugares marginales. Ante esta situación, tendríamos preguntarnos si, además de incrementar la seguridad de los trabajadores públicos, no debería ser cada ciudadano el que se plantease que la educación es la base de una coexistencia pacífica. Porque no se le puede poner un policía a cada persona.

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