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DIEZ años después de llegar a la Alcaldía de Córdoba, Rosa Aguilar puso ayer punto y final a su etapa como regidora de Córdoba para convertirse en la nueva consejera de Obras Públicas d ela Junta de Andalucía. En una rueda de prensa marcada por la emoción y arropada por la gran mayoría de sus compañeros de gobierno -sólo faltaban los miembros del PCA-, la ya ex alcaldesa afirmó que su decisión en de marcharse a Sevilla responde a una opción personal en la que ha tenido mucho que ver la sintonía ideológico y personal con el nuevo presidente del Gobierno andaluz, José Antonio Griñán. Aguilar eludió responder a la duras críticas que su decisión le ha supuesto desde Izquierda Unida -formación de la que se ha dado ya de baja-, y quiso trasladar así un mensaje de calma para no remover las siempre turbulentas aguas por las que transita la coalición. La flamante consejera se preocupó en cerrar filas con sus ex xcompañeros e insistió en que deja tras de sí un gobierno "unido y cohesionado". Aunque lo hizo desde el ámbito personal, afirmó con rotundidad que para sucederla en el sillón de Capitulares ve en "Andrés Ocaña a la persona capaz de entregarse por entero y de lleno a Córdoba", con lo que respaldaba así claramente a quien durante esta década ha sido su más fiel colaborador y su hombre de mayor confianza. En esta línea, la ex alcaldesa -formalizó su dimisión ayer mismo- eludió valorar las críticas del PP a su marcha y negó tajantemente que su salida deje a la ciudad sumida en un estado de desgobierno.
Con la marcha de Rosa Aguilar, Córdoba cierra diez años de su historia y vuelve a vivir una situación que ya conoció con Julio Anguita y Herminio Trigo. Y lo hace en unos momentos de profunda crisis económica en los que el sucesor de Aguilar deberá hacer uso de sus mejores artes para conducir a la ciudad a buen puerto. La nueva consejera de Obras Públicas se marcha dejando tras de sí un balance de luces y sombras en el que quizás quede como gran laguna -y la propia Aguilar lo reconoció ayer- el culebrón del Palacio del Sur. Por contra, en estos años la imagen de Córdoba en el exterior se ha visto reforzada. Se abre pues un nuevo periodo ilusionante y necesario para sacar a la ciudad de la atonía en la que ha entrado.
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