Mensaje en la botella

Pactos tácticos e incómodos

El problema que se pueden encontrar Bellido y Albás no es está en Córdoba, viene de fuera

Seis días faltan para que tenga lugar los plenos de toma de posesión de los concejales de los ayuntamientos y la votación para designar a los alcaldes y alcaldesas -recuerden, los ciudadanos no elegimos a nuestros alcaldes, por mucho que los partidos políticos nos quieran engañar y hacer demagogia con eso-. En esta Córdoba nuestra son varios los frentes abiertos y hasta hay emoción por ver qué va a pasar en algunos municipios de la provincia, como es el caso de Montoro o Baena, aunque también hay nervios en otros.

En la capital también faltan seis días para esa constitución y hay quienes están algo alterados porque todavía no hay contactos digamos serios para rubricar un acuerdo de gobierno. Pero que nadie se alarme, porque me parece que PP y Cs no van a necesitar ni seis horas para ponerse de acuerdo en cómo tienen que repartirse la gestión para los próximos cuatro años. La base, por lógica, es que los concejales de cada formación asuman áreas que ya tienen sus respectivos partidos en la Junta de Andalucía, con lo que, insisto, sellar un pacto será -a priori- una labor más de teatrillo de cara a la galería que otra cosa. Hasta con la Gerencia de Urbanismo, que parece que separaba a ambos grupos hace unos días, habrá acuerdo, ya que más pronto que tarde repararán en que no es ningún premio -más bien un regalo envenenado- gestionar el área más desastrosa de cuantas tiene el Ayuntamiento.

Una vez dicho esto, el problema con el que se van a encontrar tanto José María Bellido (PP) como Isabel Albás (Cs) viene de fuera de Córdoba. Y esto es así porque los partidos, en su ánimo de centralizar cada vez más el poder -señal inequívoca de que sus líderes desconfían de sí mismos y de su capacidad-, se han enfrascado en una serie de mesas en Madrid y Sevilla para ver si pueden meter en el mismo saco los pactos en autonomías y alcaldías de todos el país, como si la realidad de esas ciudades fuera la misma y la disposición de sus concejales similar. Un error mayúsculo.

Por ello, que no le extrañe a nadie que, al final, lo que pase en Córdoba sea una decisión de Sevilla y Madrid, como si sus representantes aquí no tuvieran la capacidad de alcanzar esos pactos cuyo único fin debe ser -aunque eso parece que se le olvida a los ammantes del tacticismo- atender las necesidades de la ciudadanía desde lo local, que nada tiene que ver con la capacidad, por ejemplo, de legislar de los parlamentos.

Y en ese contexto, es normal que quienes se presentaron a las elecciones en los municipios, se encuentren ahora mismo en una situación incómoda, porque son otros los que marcan los tiempos y los que parece que tendrán la decisión última, más aún en Córdoba capital, que en demasiadas ocasiones ha sido objeto de cambalaches y moneda de cambio por intereses partidistas. Ya lo decía Pío Cabanillas: "¡Al suelo, que vienen los nuestros!". Es lo que hay.

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