Eduardo Jordá

Calidad democrática

En tránsito

Sánchez debe de haber oído hablar de un ministerio de Zimbabwe donde se perseguía a las “ratas que critiquen al gobierno”

15 de junio 2024 - 00:30

En la India hay un Ministerio de Ayurveda (dedicado al yoga, la medicina tibetana y la naturopatía). En Afganistán hay un Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio. En Venezuela hay un Viceministerio de la Suprema Felicidad Social (habría que preguntarse si los millones de venezolanos que han tenido que huir del desastre de la Venezuela chavista eran en realidad personas a las que una extraña alteración genética hacía alérgicas a la felicidad, y sobre todo a la Felicidad Suprema). Por otra parte, en Japón hay un Departamento Ministerial de Servicios Públicos (pero que no es un organismo de la Seguridad Social ni de la Administración Pública, sino un departamento dedicado a los retretes públicos: Wim Wenders rodó una película con un empleado de ese ministerio que limpiaba retretes). Hay ministerios mucho más raros. En Gran Bretaña, por breve tiempo, hubo un Ministerio de la Soledad, cuyo cometido era mejorar la vida de las personas mayores que vivían solas. No sabemos por qué, ese Ministerio fue suprimido. ¿Habrán desaparecido también los ancianos que viven solos? Misterio. Y por cierto, en Zimbabwe, en los felices tiempos del dictador socialista Robert Mugabe (que llegó a imprimir billetes de tres trillones –¡trillones!– de dólares de Zimbabwe) hubo un Ministerio de Ciberseguridad que tenía por objetivo “perseguir a las ratas que critiquen al gobierno en Internet o en las cuentas de WhatsApp”. Un bonito ministerio, sin duda.

Nuestro gran hombre, Pedro Sánchez, parece que ha oído hablar de ese ministerio de la remota Zimbabwe donde se perseguía a las “ratas que critiquen al gobierno”, porque ha anunciado un paquete de medidas destinadas a la mejora de la “calidad democrática”. Por lo que hemos visto, “calidad democrática” significa perseguir a los jueces que no sean obedientes y a la prensa que muestre la más mínima intención de criticar al poder, siquiera sea por el lamentable estado de los retretes públicos. Pero está visto que nuestro amado líder está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de imponer la Felicidad Suprema y propagar la virtud y perseguir el vicio. ¿Hay mayor vicio que criticar a un presidente de gobierno? ¿Hay mayor virtud que perseguir como ratas a quienes lo critiquen? Bienvenidos a la Hermosa Tiranía del Amor, hermanos.

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