El fuste

Jesús Cabrera

Antonio Perea

ANTONIO Perea ha dicho adiós a la presidencia del Ateneo de Córdoba y con él se cierra una larga etapa de casi tres décadas en las que la institución y su responsable diluían sus contornos. El Ateneo existe gracias a Perea, quien a lo largo de este tiempo le ha dedicado algo más que esfuerzo para abrirse un hueco con toda dignidad en la vida cultural de la ciudad. No hay más que ver las publicaciones y programas de actos para demostrar que la cultura se puede hacer con cuatro perras. Y mucho esfuerzo, eh. La singular personalidad de Antonio Perea ha evitado que el Ateneo se doblegue ante las instituciones, porque siempre ha creído que el trabajo da mejores resultados que una suculenta subvención. Por eso no le ha callado nadie, por eso está ahí su abultado catálogo de quejas y reproches a una casta política que no le ha replicado, por eso ha conseguido que el Ateneo sea grande, pobre y, sobre todo, digno. Otro secreto del ya expresidente del Ateneo ha sido el de saber rodearse de un eficiente equipo de colaboradores. Todos ellos, con Antonio como locomotora, han conseguido hacer cultura de verdad, popular y elitista, antes de que la cultura se pusiera de moda con las banderolas azules. A partir de ahora el Ateneo inicia una nueva etapa con Antonio Varo Baena como presidente. Las claves del éxito son conocidas, aunque haya que regarlas a diario con el sudor de la frente, porque ésta es la receta que deja Perea a sus sucesores.

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