Análisis

carmen pérez

Universidad de Sevilla

¿Demasiado poder?

Ayer, nueva reunión del BCE para tomar decisiones sobre política monetaria. Afectan a toda la economía. A las familias y empresas, a las que puede subirles los costes financieros de sus préstamos; y a los Estados, porque afecta al coste de la deuda pública y condiciona la evolución de la economía. El impacto de las decisiones del BCE es enorme. Pero además, sus funciones están yendo mucho más allá que movimientos de índole monetaria para contener la inflación, que es su objetivo.

The Economist aborda esta semana la cuestión. Señala cómo en virtud de esos otros objetivos secundarios que tiene marcados, como “apoyar las políticas económicas generales de la UE”, cabe casi de todo, como apoyar el crecimiento y el empleo o incluso reducir los riesgos con China.

Y de hecho, los graves acontecimientos acaecidos en estos últimos años, han hecho intervenir al BCE. La crisis financiera (“Haremos todo lo que sea necesario”, con Draghi) y la crisis del Covid (con Lagarde) llevaron al BCE a intervenciones gigantescas y novedosas. Este revista, al respecto, dice “El BCE se ha convertido en el prestamista de última instancia para los gobiernos de la Eurozona”, haciendo piruetas en su comunicación para salvar el cumplimiento de las reglas fiscales de la UE y la necesidad de una deuda sostenible

Pero el BCE no sólo responde ante perturbaciones sobrevenidas, también toma decisiones motu propio, como apoyar la moneda, abriendo, por ejemplo, líneas de intercambio en dólares, promocionando el euro o actuando contra los posibles riesgos financieros derivados del cambio climático.

De momento, nadie se queja de tanto poder. El artículo termina diciendo que los políticos se limitan a posicionar bien a su gente en el banco central y a dar por bueno el control que legalmente el Parlamento europeo hace sobre una institución que tiene determinada en sus estatutos una total independencia.

Pero es posible ser más incisivo que The Economist. ¿Cómo van a quejarse los gobiernos si el BCE les ha sacado las castañas del fuego en momentos críticos?, ¿cómo si han situado los tipos de interés tan por los suelos que han permitido la sostenibilidad y el crecimiento de la deuda pública y han favorecido el desarrollo de las economías? La baja inflación lo hacía posible. Hasta los menos favorecidos, como Alemania y otros países del Norte de Europa, no han sido excesivamente beligerantes porque sólo significaba, en todo caso, un coste de oportunidad por salir menos beneficiados que el resto.

Ahora, todo puede cambiar. Ayer, el BCE subió de nuevo un 0,25% los tipos oficiales de interés y, aunque parece que será la última subida, expresamente señaló que estarán altos durante un período suficientemente largo. El tipo principal de financiación se sitúa ya en el 4,5%, un nivel no visto desde 2001.

La inflación manda. Las economías se resienten. Se elevará el coste de la deuda pública. La población y las empresas añadirán sufrimiento. Incluso puede que haya que mandar dinero al BCE para ayudarlo con las pérdidas. Es posible que los países tengan que hacer los esfuerzos de los que se han librado durante años gracias al BCE. Y el poder del BCE, entonces sí, sería cuestionado.

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