Festejo

Triunfal tarde de toros en Montoro

Curro Díaz, Rocío Romero y Finito de Córdoba salen a hombros de la plaza de toros de Montoro.

Curro Díaz, Rocío Romero y Finito de Córdoba salen a hombros de la plaza de toros de Montoro. / S. G.

Cuando se aúnan la bravura y la torería en el ruedo, el espectáculo está servido. Gran tarde de toros la vivida este martes 12 de octubre, Día de la Hispanidad, en Montoro. Hubo conjunción entre los nobles y bravos toros enviados por Ricardo Gallardo, propietario del hierro de Fuente Ymbro, y dos toreros, que como los vinos generosos, con los años han ganado poso y torería, pero de la de verdad.

Hasta siete orejas y un rabo se cortaron en el coso montoreño. Dos toros, Escribiente y Vistoso, lidiados en cuarto y quinto lugar, fueron premiados con sendas vueltas al ruedo tras haber pedido el público el perdón de sus vidas. ¿Qué hicieron los matadores a los que cupieron en suerte esos bravos animales? Pues torear. Pero torear de verdad. Toreo del caro, del que deja recuerdo en la memoria, del que no se olvida.

Finito de Córdoba está en un momento cumbre en su carrera. ¡Qué vamos a descubrir ahora del torero de Córdoba! Dejó dos faenas preciosas, bellas, estéticas, pero a su vez poderosas, haciéndose de la brava embestida de sus oponentes. El toreo de Finito es poesía, pero a su vez es rotundo y poderoso. Enorme en el segundo de su lote, donde dejó una faena para el recuerdo en esta temporada de su 30 aniversario como matador de toros. ¡Qué bonito es el toreo sin alharacas! Finito se arrebata y arrebata a los que lo contemplan. No podía ser de otra forma. El toreo de Finito es así. Desgarrador y bello. Lo demás huelga. De no haber sido por sendos pinchazos en cada uno de sus toros antes de cobrar la estocada, hubiera tenido un premio mayor, pero el toreo, el de verdad, el que prende, quedó plasmado con creces.

Curro Díaz cuajó otra notable faena al noble y bravo quinto. El torero de Linares tiene un sentido de la estética notable, y como también sabe torear, la comunión entre toro y torero no se hizo de rogar. Trasteo largo, rotundo y bello. Clásico el toreo fundamental, preciosista y florido el accesorio. Curro es otro de los toreros que gusta de ver torear, sencillamente porque no sabe mentir. Cuando se entrega es de verdad. Se vació el de Linares en Montoro. Tarde redonda en la que supo estar a la altura de tanta calidad y bravura como derrochó su segundo. Los máximos trofeos fueron a parar a sus manos tras una certera estocada, tras no ser atendida la petición de indulto por el palco.

Rocío Romero estuvo dispuestísima toda la tarde. Cierto es verdad que su oficio no es el de sus compañeros de cartel obviamente y no fue lo suficiente para sacar a sus oponentes todo lo que llevaban dentro. La cordobesa lo intentó y se entregó. Sus faenas tuvieron la impronta de la voluntad y del querer. Unas veces las cosas le salieron y otras no, pero la entrega de Rocío Romero tuvo el premio para poder salir a hombros junto a los matadores que compartieron cartel con ella.

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