José Mercé y Tomatito | Crítica Una reivindicación gratuita

Un momento de la actuación de Mercé y Tomatito. Un momento de la actuación de Mercé y Tomatito.

Un momento de la actuación de Mercé y Tomatito. / Juan Ayala

De verdad o no, la ocasión de ser testigo de un espectáculo flamenco con artistas como Tomatito y Mercé siempre será un privilegio, porque cómo negar que en ellos está, hagan lo que hagan, reflejada la legendaria historia de un hermosísimo arte musical sin parangón, ya sea un recital flamenco en la Axerquía de Córdoba como el que viene al caso, o en el Madison de Nueva York. Ellos no tienen por qué insistir para aclarar que es flamenco de verdad –a no ser por mala conciencia; vete tú a saber si antes no criticaron a otros profesionales por hacer lo mismo que, con el tiempo, han hecho ambos– y claro.

La cosa es bien sencilla: el artista flamenco –como el torero– que cuente con los mimbres, aunque quiera difuminarse en el paisaje es reconocido por sus formas hasta cuando se halle en un aula impartiendo álgebra, incluso en paños menores. Es lo que contemplamos el miércoles a propósito del Festival de la Guitarra con De Verdad, álbum que difunde el repertorio tiempo ha recopilado y después publicado.

Y, para que conste a los efectos, sus currículos son lo que son, incluyendo el cuarto de los cabales donde comenzaron, peñas y recitales interminables en festejos locales de otros tiempos. Por eso, cuando el cantaor jerezano abrió la boca con mimo para templar por debla, ¡o los acordes de la bajañí del almeriense, comenzando su intervención con las falsetas de una rondeña y bulerías!, ¿cómo resistirse a encajar un oportuno ole? Luego, de acuerdo con sus comerciales en el estudio, registrarán lo que más convenga que, aun siendo madrigales medievales en suajili, hecho por ellos, sonará a flamenco. Hay que entender que son artistas, y no precisamente por hobby.

Y la pasada noche en cuestión se metieron en harina y pellizcaron como mandaban los cánones. El cantaor, seguiriya y cabal, fandangos personales, zambra a Lola Flores por un lado; y el guitarrista unas composiciones de sus encuentros con Michel Camilo, y una dulce melodía rematada por bulerías con ribetes jazzísticos.

Y así: ¡chapó! Los dos José, Mercé y Tomatito, continuaron, hasta un receso y tras José del Tomate con su sonanta en solitario exhibiendo una digitalización que dejó claro que él no estaba allí para hacer bulto. Volvieron a las tablas, y entraron en lo jondo del disco De Verdad, primero haciéndonos vibrar por bulerías, Rumba a Jerez, Las salinas por alegrías y María por bulerías, y ya derivar en un regalo para el respetable que lo esperaba, aplicándose con el popular Aire. Después y con otro bis, con todos ya despedidos y el ambiente calentado y el personal insistiendo en que volvieran, salir el elenco, para el jerezano darse sus pataítas tras apuntar la copla Ay, mi Córdoba, y el público satisfecho alegrándose de haber estado presente, haciendo mutis por el foro.

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