EL DÍA DE CÓRDOBA En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Cosmopoética 2008 La fiesta de la poesía llega a su fin

Cosmoaciertos y cosmocarencias

  • El festival concluye su edición más ambiciosa como resultado de un proceso de cinco años en el que ha ido ampliando sus horizontes · La relación histórica de participantes incluye nombres muy notables

En sus cinco años de existencia, Cosmopoética se ha impuesto un progresivo ejercicio de ampliación de márgenes cronológicos y temáticos que ha desembocado en una ambiciosa quinta edición que acaba de terminar. El festival ha consolidado un concepto pero no un formato, abonado a un tour de force en el que el objetivo es acaparar cada año más. Es, por ello, un festival aún en progresión, en crecimiento, en fase de definición. Este año ha constado de una fase inicial ampliamente nutrida de actividades y articulada en torno a la relación de la poesía con otras manifestaciones artísticas y una fase final más corta centrada en el ciclo Poetas del mundo en Córdoba, que ha contado con la presencia de, entre otros, el Nobel Seamus Heaney, la cubana Reina María Rodríguez, el marroquí Mohamed Bennis, la estadounidense Jorie Graham, el chileno Raúl Zurita y el peruano Carlos Germán Belli.

Lo que nació como ocurrencia con vocación de permanencia es cinco años después uno de los festivales literarios más relevantes de España. En la relación de participantes de Cosmopoética figuran ya Adonis, Derek Walcott, Nuno Júdice, Ángel González, Juan Gelman, Carlos Edmundo de Ory, Ko Un, Joaquín Sabina, Alejandro Jodorowsky, Heaney y Dario Fo, entre otros. Este año la presencia de la poesía ha sido más evidente en la ciudad (gracias a algunas de las novedosas iniciativas que se han puesto en marcha, algunas de las cuales, también hay que decirlo, han tenido escasa relevancia), pero aun así resulta evidente que un amplio porcentaje de la población vive de espaldas al festival y en algunos casos lo considera una sucesión de actividades minoritarias destinadas a consumidores habituales que en un alto porcentaje forman parte del propio mundillo poético. Acusaciones de endogamia, en definitiva.

Que los organizadores intentan cada año abrir la oferta del festival al mayor número posible de ciudadanos, que se esfuerzan (más allá de lo acertado o pertinente de algunas propuestas) por buscar nuevos públicos (nuevos clientes para la poesía), parece evidente. Las dudas sobre la democratización de Cosmopoética recaen más bien en los criterios de reparto de prebendas, responsabilidades, potestades, selección de participantes y actividades. Algo más de transparencia y de pluralidad no vendría mal. Los afectos irracionales, las vanidades incurables y las rivalidades más retorcidas forman parte del obsceno circo en que se ha convertido desde hace años (quizá siempre lo ha sido) el mundo literario (la literatura es otra cosa, que diría Juan Marsé). Sería penoso que contaminaran una iniciativa cultural tan digna como ésta.

Al fin y al cabo, hablamos de poesía, literatura, cultura. En el marco de lo minoritario, Cosmopoética debe aspirar a reforzar su condición de festival integrador. La indiferencia de la mayoría está casi garantizada. Pero hasta los indiferentes y los adversos pueden verse arrastrados por las inercias poderosas que otorgan a una ciudad unos determinados rasgos de identidad. Córdoba quiere consolidar una imagen de ciudad cultural y la existencia de acontecimientos como éste contribuyen a ello. Por contraste con este abril, resulta llamativa la sequía cultural que la ciudad padece en algunos periodos del año.

Consolidar una fórmula, repartir mejor los esfuerzos y los dineros, disipar cierta sospecha de que en la programación todo vale si contribuye a hacer bulto (y dependiendo de quién esté detrás de la propuesta) son cuestiones que el Ayuntamiento debería tener en cuenta para futuras ocasiones. La apuesta por la variedad de tonos, de Cántico a César Vallejo, de lenguas y de estilos resulta muy atractiva y contribuye a potenciar la universalidad de la cita. También supone un acierto su expansión a la provincia. Pero algunas actividades parecen metidas con calzador y en ocasiones se producen inadecuadas coincidencias que llevan, por ejemplo, a que Seamus Heaney contraprograme a Dario Fo, que a su vez coincide en horario con Luis Eduardo Aute.

Es un buen festival que requiere ajustes y equilibrios. Y ahora que se acaba, ¿cuál es la oferta cultural del Ayuntamiento hasta el Festival de la Guitarra?

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios