Crónica del Miércoles de Feria Los 'millennials' hacen suyo El Arenal

  • Los jóvenes se reúnen en el Balcón del Guadalquivir en una jornada de botellón multitudinaria y los más pequeños disfrutan de las atracciones

Cientos de jóvenes hacen botellón en el Balcón del Guadalquivir. Cientos de jóvenes hacen botellón en el Balcón del Guadalquivir.

Cientos de jóvenes hacen botellón en el Balcón del Guadalquivir. / Laura Martín

Hay a quienes les dan mareos de pensar que los chavales que hoy tienen 18 años nacieron en 2001. Todavía a estos (más que) jóvenes se les engloba en la conocida como millennial generation o generación Y. No hay de que preocuparse porque esta cohorte demográfica también abarca a aquellos nacidos durante los años 80, aunque es cierto que la imagen del millennial tipo se asocia más al joven universitario de pantalón pitillo con algún roto o a los enamorados de la música trap. De ellos será el futuro del mundo y de ellos fue ayer la Feria de Nuestra Señora de la Salud.

El miércoles de Feria es la jornada reservada a la juventud que celebra la juventud y que para brindar prefiere una bebida espirituosa rebajada con Coca-Cola o Fanta del Mercadona antes que el tradicional fino de Montilla-Moriles. Contra esto no cabe objeción ni crítica ninguna porque si de algo entiende esta última fiesta de mayo es de abrazar a todo aquel capaz de resistir el calor por tal de disfrutar.

Y calor hizo, muchísimo. Los termómetros decían que 35 grados, pero la sensación al lado del río le contestaba que por lo menos 40. Hasta allí, hasta un Balcón del Guadalquivir que embellece la palabra botellón, se fueron los miles de jóvenes ya entrada la tarde (hacerlo después de comer era una locura impracticable). Por los distintos costados del paseo llegaban bien vestidos, peinados y perfumados los chavales dispuestos a celebrar el inicio de un puente que en muchos casos transcurrirá entre libros y apuntes.

Un joven se dirige al botellón. Un joven se dirige al botellón.

Un joven se dirige al botellón. / Laura Martín

En esas estaba Ana, una estudiante cordobesa de 19 años que cursa Ingeniería Mecánica en la Universidad de Córdoba (UCO). “Hoy es el único día que salgo de toda la Feria porque el resto me tengo que quedar encerrada estudiando”, explicaba, cargando con una bolsa de hielos que chorreaba, de camino a encontrarse con sus amigos.

Como Ana, miles de jóvenes estudiantes también se preparan en estos momentos los exámenes finales o la temida Selectividad. Pero antes de enfrentarse a las obligaciones que imponen las clases, decidieron hacer un alto en el camino para llenar el macrobotellón de la Feria. Este año, además, la zona está dividida en sectores para facilitar la intervención de los servicios sanitarios, que este año no han tenido que atender ningún caso grave.

Esos sectores se llenaron también de color en esta jornada del miércoles que reúne a estudiantes universitarios deseosos de mostrar los mensajes ocurrentes de las ya tradicionales camisetas gremiales. “Soy traductor y hago maravillas con la lengua”; “Abogado de profesión, borracho de vocación”; “Estamos muy ilusionados, salimos muy pre-parados” o aquellos en los que no eres capaz de ver la espalda de la persona en cuestión y ahí se queda la intriga: “Si quieres una inversión segura...”.

Camisetas en el botellón. Camisetas en el botellón.

Camisetas en el botellón. / Laura Martín

Hasta bien entrada la madrugada el Balcón del Guadalquivir no paró de recibir a jóvenes con bolsas que prefieren pagar algo menos por beberse una copa porque, como decían muchos, “los cubatas en la Feria están demasiado caros y no nos los podemos permitir”.

Y de la generación Y, a la generación Z. Porque el miércoles de Feria es de los jóvenes y de los más jóvenes aún. Los niños, que ya no tienen clases hasta el próximo lunes, se hicieron dueños de las calles del Infierno para disfrutar en los tradicionales cacharritos, que en este miércoles tenían un descuento en el ticket del 50%. Esto es lo mejor que le puede ocurrir a las familias numerosas, como la formada por Andrea y Julio y sus tres hijos: Mateo, Lorenzo y Sergio. “Hay algunas atracciones que cuestan cinco euros y eso supone tener que pagar 15 para montarlos a los tres, así que mejor venimos hoy que pueden disfrutar de más cosas”, comentaba Andrea a la espera de subirse con sus tres hijos en el tradicionalRatón Vacilón.

Calle del Infierno. Calle del Infierno.

Calle del Infierno. / Laura Martín

Así se pasó un día más de Feria, el del ecuador, para dejar paso a unas jornadas finales en las que se espera una gran afluencia de público dispuesto, se pertenezca a la generación que se pertenezca, a dejarse la piel en el albero.

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