Boonen renace en Córdoba

Vuelta '08

El belga, después de un duro verano tras su ausencia en el Tour y los Juegos, pudo con todos en el esprint · Ortega, del Andalucía, rodó 150 kilómetros fugado

Boonen levanta las manos en la línea de meta tras superar a Bennati y Zabel.
Cisco López · Efe / Córdoba

02 de septiembre 2008 - 05:02

Tom Boonen irrumpió por sorpresa en la fiesta del Andalucía Cajasur. El belga, después de un verano aciago en el que un desliz con la cocaína lo dejó fuera del Tour de Francia y los Juegos Olímpicos, recuperó ese punto de velocidad que lo encumbró hace apenas un par de años para imponerse en el sprint de la meta de Córdoba, final de la tercera etapa de la Vuelta que tuvo en el jiennense Manuel Ortega al gran protagonista de la jornada. El discípulo de Antonio Cabello rodó en solitario durante casi 155 kilómetros, pero fue atrapado por el pelotón poco después de coronar el alto de San Jerónimo. El otro actor principal del día fue el italiano Daniele Bennati, que arrebató el maillot oro a Alejandro Valverde y volvió a poner en lo más alto el nombre del Liquigas.

Boonen, doble vencedor de la París Roubaix, Vuelta a Flandes y campeón del mundo en Madrid'05, volvió a batirse con los grandes del esprint, y lo hizo de forma elegante, a su estilo habitual, con una potencia que doblegó al italiano Bennati, que tuvo el premio del liderato y del veterano Erik Zabel (Milram), mientras que el español Koldo Fernández de Larrea (Euskaltel) se colocó entre los mejores, como cuarto clasificado, todos con un tiempo de 4:25.24.

Todo un ídolo en Bélgica, Boonen, de 27 años, saboreó un triunfo de prestigio después de un triste verano. Un desliz con la cocaína le apartó el Tour, y su país le excluyó de la lista olímpica. Le queda el Mundial de Varese y para ello se prepara. Sus entrenamientos deben ir por buen camino a juzgar por su exhibición en Córdoba, donde contó con la inestimable colaboración de su compañero de equipo, el italiano Paolo Bettini. El Grillo fue el encargado de cazar a Manuel Ortega en las faldas de la sierra cordobesa. Todo parecía dispuesto para que el vigente campeón del mundo repitiera el triunfo que ya logró hace dos años en la última llegada de la ronda española a Córdoba.

Pero finalmente se dejó ir y hubo esprint, como estaba previsto, esta vez para especialistas puros, y se cumplió la sospecha de Valverde, quien predijo la perdida del maillot oro en la capital cordobesa. El murciano pasó a la segunda plaza a 7 segundos de Bennati, que se trabajó dicho honor pellizcando segundos en los pasos intermedios. Boonen se instaló tercero a 10 segundos.

Carlos Sastre y Alberto Contador, los dos grandes favoritos al triunfo final, tuvieron que moverse ante la lluvia de ataques en el Alto de los Jerónimo, pero salvaron la jornada con la mente puesta en la crono de Ciudad Real, donde mañana tendrá lugar el primer examen serio de la Vuelta.

Hay que ser torero para lanzarse a un ruedo asfaltado de 168 kilómetros a 36 grados centígrados, pero el ejercicio del kamikaze es la única posibilidad para que triunfen los más modestos, y rara vez lo consiguen. Pues se lió la manta a la cabeza Manuel Ortega, del Andalucía, un jiennense que salió de casa como un torpedo, con el sueño de estrenar su palmarés a los 27 años y con la única compañía del monótono paso por de hileras de olivos, sólo roto por el gentío que lo animaba por las distintas poblaciones por las que pasaba en su fuga.

Un alarde de esfuerzo en solitario con el pavimento a punto de derretirse. Diferencias abismales, como los 15 minutos que abrió el andaluz en el kilómetro 46. Hasta que se puso a trabajar el Caisse d'Epargne del líder Alejandro Valverde.

Fue el principio del fin para el héroe anónimo, que empezó a ver las orejas al lobo poco a poco. El Liquigas mostró sus intenciones con Bennati arañando segundos en los pasos intermedios de Espejo y Córdoba, una clara intención de conquistar el maillot oro a orillas del Guadalquivir.

El Alto de San Jerónimo prestó sus cuestas para la batalla. Todo un campeón mundial y olímpico, como Paolo Bettini reventó la etapa con un arranque fulminante que le permitió neutralizar a Ortega y quedarse en solitario camino de Córdoba. Pero los grandes reaccionaron, primero con un salto de Iñigo Landaluze (Euskaltel), que arrastró a Valverde y luego a Davide Rebellin, el medallista de plata en Pekín.

Ya en la cruda y calurosa realidad, el grupo bajó los humos a Bettini y decidió dejar los mandos a los arquitectos del esprint, a los que iban a luchar por el sombrero cordobés que distingue habitualmente al vencedor en la capital del Califato.

Liquigas se puso al frente en la pelea de la alta velocidad, pero fue el Quick Step quien tomó posiciones bajo la pancarta de último kilómetro. Faltaba alguien ilustre en las llegadas masivas. Ése era Tom Boonen, quien reapareció ante la alta jerarquía para conseguir una bonita victoria y recuperar moral y confianza. Así sonreía el belga en el podio con el sombrero cordobés.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último