Jaén-Córdoba en 265 minutos
Ciclismo · Vuelta a España
"Se ha notado bien el calor", aseguró Contador tras pedalear a unos 35 grados
Un día de éstos, pruebe a coger el coche para echar un rato en Jaén. Al regreso, mantenga un ritmo constante, respetando las normas de circulación, sin prisas ni pausas. A ver cuánto tarda. Otro día, desde Jaén -el viaje de ida es libre, pero le recomiendo que busque un medio confortable-, dispóngase a salir de la capital del Santo Reino encima de una bicicleta. Y empiece a pedalear. Para que el experimento resulte más provechoso, para ser justos, hágalo el primer día de septiembre de un año cualquiera. El reto es completar un recorrido de 168,6 kilómetros a una media de más de 38 kilómetros por hora. Más concretamente, le desafío a llegar al Vial Norte en menos de cuatro horas, 25 minutos y 24 segundos, el tiempo que ayer empleó el belga Tom Boonen en ganar la tercera etapa de la Vuelta. Sin duda, su gesta merecería un reportaje a todo color. O a todo calor.
Esto es Córdoba... y aquí hay que sudar. Los ciclistas se enfrentaron ayer al rigor del estío tardío, con unos 35 grados como compañeros comunes. Por eso llegaron a la meta con más de media hora de retraso con respecto al horario previsto por la organización.
Como apuntó el jefe de filas del Astana y vigente campeón del Giro, Alberto Contador, "se ha notado bien el calor sobre estas carreteras. No sé cuántos grados haría, pero ya se empezaban a calentar un poco los pies y la boca se secaba en la bici. Ha sido un día duro, aunque relativamente cómodo". La gran atracción de la Vuelta reiteró que "estas etapas me vienen muy bien, incluso este calor, aunque preferiría algo menos". Él y cualquiera que trabaje a pleno sol, sin aire acondicionado.
Córdoba despedirá hoy a la Vuelta con otra de las insolaciones propias de esta tierra. La salida lanzada de la cuarta etapa está fijada a las 13:37, hora en la que apetece más tomarse una cervecita a la sombra que tomar rumbo a Puertollano. No será en AVE, ni mucho menos. Será con los escrotos oprimidos por los sillines. Por delante, 170,3 kilómetros y un paseíto por Los Villares para abrir boca. Definitivamente, ser ciclista exige una vocación a prueba de bombas. Y de termómetros.
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