Síndromes expresivos 15

Los lapsus lingüísticos: Benditos culturetas

El ex presidente Mariano Rajoy sufrió algunos lapsus muy sonados El ex presidente Mariano Rajoy sufrió algunos lapsus muy sonados

El ex presidente Mariano Rajoy sufrió algunos lapsus muy sonados

Escrito por

· Jorge Andrada

Malapropismos, lapsus lingüísticos, colapsos semánticos, ataques de incultura, espasmos morfológicos, cefaleas sintácticas, asociaciones disparatadas, cambios en la articulación de consonantes y vocales, invenciones hilarantes, alteración de las conjugaciones verbales, los prefijos y sufijos, alucinaciones connotativas, anomalías en la construcción de palabras, convulsiones y espasmos de supuesta erudición, hipotensión ortográfica, vértigos y mareos etimológicos, anemia diccionarial, crisis de identidad idiomática, hemorragias de sentido.

¿Es grave, doctor? No te preocupes, fiel amigo. Todos hemos sufrido en carne propia o hemos sido testigos de algunos de los efectos secundarios detallados en el párrafo anterior. Tras la enumeración de los síntomas, parece que el dominio absoluto de la lengua española está fuera del alcance de los humildes mortales. Tanto es así que el pasado año 2020 la Fundéu organizó una competición mundial para elegir el lapsus lingüístico más delicioso y descabellado. Entre los seleccionados para ocupar un lugar destacado en el cuadro de honor figuran las expresiones "los preservativos de la boda", "la circuncisión electoral" o "la antena diabólica". Cientos de candidatos fueron eliminados en votaciones ajustadísimas, hasta la victoria de "luz genital" frente al digno finalista "cólico frenético".

Supongo que en estos instantes, ilustre lector, se te habrán venido a la cabeza algunas situaciones de infausto recuerdo por la evidente metedura de pata en la asociación de palabras. En mi caso, no podré olvidar la entrevista con una madre preocupada por el rendimiento académico de su hijo durante los primeros meses del curso escolar. Ante el análisis y evaluación de pruebas escritas, el comportamiento del alumno y la implicación en el ritmo de trabajo de la clase, aquella santa madre llegó a la conclusión de que "su hijo se dormía en los jureles". Tal vez "resucite como el Ave Félix", guardé la respuesta en mi "cajón desastre" para que no "se pusiera como un obelisco".

Sí, la vida es así y no la he inventado yo. En este sentido, me relataba mi amigo Fernando Escalante la anécdota de un compañero de clase, fiel seguidor de los postulados de la señorita Malaprop. Por lo visto, este joven imberbe tuvo la feliz idea de incluir algunas perlas cultas en la enumeración de los elementos constitutivos de una mezquita. Según sus certeros conocimientos, ningún especialista en arquitectura árabe debe pasar por alto el sangriento "patio de las ablaciones" en lugar de las sencillas y refrescantes abluciones.

Tal vez se hizo un lío el muchacho entre tanto elemento decorativo y simbología religiosa. Como aquel guía turístico en el Palacio de la Magdalena de Santander que mostraba con orgullo a los visitantes "los picatostes de bronce" en las puertas de la sala Alfonso XIII. Tan seguro se le veía en sus planteamientos y explicaciones que, por qué no reconocerlo, comencé a plantearme alguna pregunta existencial: ¿debía continuar con el placer de degustar "picaportes con chocolate"?

Estas "prevaricaciones idiomáticas" nos dibujan el alma de nuestros vecinos de mesa, de los ocasionales acompañantes en el ascensor, de nuestros jefes circunspectos y, por extensión, de todos nosotros. Asimismo, nos enfrentan ante una verdad inmutable: afortunadamente, no somos tan cultos como creemos y, como consecuencia, de vez en cuando patinamos en el uso de la lengua. Claro está que esta máxima no es del gusto de culturetas profesionales y otros aficionados a la cita pseudoerudita. ¡Que Dios nos pille… estudiados!

¿Se puede superar?

Este trastorno expresivo precisa de la intervención de un equipo multidisciplinar de expertos debido a la complejidad de las barbaridades expresivas proferidas por los pacientes. En líneas generales, los psicólogos sociales se ocupan de los trastornos interpersonales de los que afirman haber instalado en las cocinas "encimeras de fornica"; los traumatólogos consultan con asesores en macroeconomía para detectar las causas de "las hernias fiscales" y algunos ginecólogos investigan el fenómeno de "los presidentes intrauterinos". ¡Viva Honduras!

Consejo final: ¿Os cuento un secreto? Según los estudios sobre los errores típicos en la expresión oral, todos los hablantes patinamos con relativa frecuencia en la construcción de palabras o frases. Aquí no se libra ni Dios y quien tiene boca se equivoca. Sin embargo, prueben a preguntarles a sus amigos y familiares por algún lapsus lingüístico o patinazo semántico que hayan cometido a lo largo de su modélica existencia. ¿Resultado? La inmensa mayoría de ellos no recordará ningún error concreto; otros os contarán alguna frase disparatada de un político o famosete del colorín y, por supuesto, podréis contar con los dedos de una mano aquellos que relaten en clave de humor algún disparate que haya brotado de su inigualable inteligencia. Raro, raro, raro. Vale.

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