Nàstic-Córdoba CF | La crónica

De fruta madura a fruta escarchada

  • El Córdoba firma otra decepcionante actuación lejos de casa y cae ante el colista, que pudo golear

  • Con diez por la roja a De las Cuevas y tras el perdón local, Piovaccari pudo igualar en el tramo final

Piovaccari se lamenta en el área del Nàstic tras su caída no señalada como penalti. Piovaccari se lamenta en el área del Nàstic tras su caída no señalada como penalti.

Piovaccari se lamenta en el área del Nàstic tras su caída no señalada como penalti. / LOF

Con el cambio de año, el Córdoba ha vuelto a las andadas. En su visita a Tarragona, hogar del colista, el conjunto blanquiverde rubricó otra actuación decepcionante fuera de casa y, ante uno de los equipos más flojos de local, se confirmó como el peor visitante de LaLiga 1|2|3. Habrá quien se excuse en la imperdonable pérdida de Miguel de las Cuevas que cambió todo el guion poco antes de la hora de juego, pero ya antes era el Nàstic el que más y mejores intenciones estaba ofreciendo sobre el verde. Una sensación que se multiplicó en superioridad numérica y ante un contrario partido que se agarró al inconformismo de Piovaccari y a la increíble falta de tino grana para llegar a los minutos finales con opciones de sumar tras haber podido encajar una goleada de escándalo. Fútbol, al fin y al cabo.

Aunque de eso se vio poco en la batalla entre los dos equipos que más jornadas acumulan en puestos de descenso, donde seguirán al menos dos semanas más. Eso dicen los números, aunque las sensaciones y su preocupante falta de dominio de las áreas puede eternizar su estancia entre los cuatro últimos de la clasificación. Porque el partido fue propio de dos conjuntos que se saben al filo de la navaja, lleno de imprecisiones por ambos lados que, como no podía ser de otra manera, se decantó para el cuadro nàstiquer desde un error. Y con penitencia doble. El regalo de Miguel de las Cuevas a Luis Suárez tras la buena presión de Thioune acabó con roja para el alicantino y un libre directo en la corona del área que un especialista como Fali puso lejos de Carlos Abad, cerrando de esta forma un minuto negro. Pero antes y después hubo muchos detalles en los que detenerse, sobre en esa última media hora.

Con la obligación extra de jugar en casa y verse más necesitado de alegrías que su oponente, el Nàstic tomó las riendas del partido ya en la primera acción, cuando una internada del incisivo Suárez obligó a intervenir a Abad. Fue una declaración de intenciones del cuadro grana, que apostó por la verticalidad para dañar a un CCF perdido en el toque corto desde el área propia, a riesgo de caer en un error que podía ser letal, como así fue. Con todo, la primera ocasión clara fue mérito local. Una cabalgada hacia el interior de Salva Ferrer terminó por dejar solo ante el meta cordobesista a Suárez, que tras ganar bien las espalda a Luis Muñoz definió espantoso, sin ni siquiera dar trabajo al tinerfeño.

Como ya había quedado patente ante Las Palmas (más allá de lo que dijera el marcador), el juego de fuera hacia adentro no termina de ser bien entendido por el equipo de Curro Torres, que siguió sufriendo con envíos laterales de Javi Jiménez o las incursiones de Pipa. Por suerte, ni Manu Barreiro ni Luis Suárez fueron capaces de hacerlos buenos ya en el área, las veces que el último pase era mínimanente correcto para amenazar.

Con balón, pero sin pisar área rival

¿Y del Córdoba en ataque había noticias? Pocas, por no decir ninguna. Con Vallejo incrustándose de manera continua entre los centrales para dar claridad a la salida de pelota y reducir el efecto de la presión nàstiquer, la conexión entre la medular y Piovaccari fue nula. Los que más aparecieron fueron Sebas y Jaime, casi siempre tirando a posiciones interiores para dejar el carril al lateral y sin capacidad para superar el entramado defensivo local. Así, lo más reseñable al descanso fue un testarazo del zurdo tras un córner que detuvo abajo Bernabé, con el que luego tuvo sus más y sus menos.

Tras lo exhibido en ese primer tiempo, el descanso sirvió a Curro Torres para afinar conceptos. Y la salida del CCF al segundo periodo ya fue distinta, lo que le permitió equilibrar el choque, jugar de tú a tú a un rival con mucha burbuja y no demasiada fuerza. Pero como quiera que el juego del medio hacia adelante, que es donde marca diferencias, no acaba de aparecer tuvo que ser Piovaccari el que se inventara en solitario la primera oportunidad real visitante. El italiano salvó la entrada de Fali y se plantó ante Bernabé a la carrera, dejando atrás a toda la retaguardia grana, pero luego se le hizo de noche y disparó al muñeco.

Pérez Pallas muestra la roja a Miguel de las Cuevas, en la jugada clave del partido. Pérez Pallas muestra la roja a Miguel de las Cuevas, en la jugada clave del partido.

Pérez Pallas muestra la roja a Miguel de las Cuevas, en la jugada clave del partido. / LOF

Al menos, la acción sirvió para decir que el CCF estaba en el partido, que también era capaz de pisar el área contraria. Eso ya intimidó algo al Nàstic, obligado a tener que mirar también para atrás. Aunque tampoco mucho. Porque tras un intento desviado de Manu Barreiro, De las Cuevas convirtió una falta a favor en su expulsión y un caramelo que Fali degustó con amabilidad para enloquecer a los aficionados del Nou Estadi.

Quedaba algo más de media hora y había que ver por dónde tiraba Curro Torres para intentar devolver las tablas al marcador. La primera reacción fue meter a Andrés por Sebas para tapar la banda izquierda. La segunda, ya con una variante táctica sobre la mesa, introducir a Quim por Vallejo para dibujar un doble pivote con más capacidad de creación dentro de una especie de 4-2-2-1. La idea pasaba por tener la pelota y llegar con más garantías a la meta rival. Pero la ejecución hizo aguas por todos lados, y sin remisión.

Lluvia de ocasiones locales y la irrupción de Piovaccari

Perdido el sostén de la medular y con una autovía por el costado defendido por Quezada, el debutante Pipa tomó las riendas de la ofensiva nàstiquer, a la que luego se fueron sumando elementos. El carrilero cedido por el Espanyol acumuló en en sólo tres minutos hasta cuatro ocasiones claras de gol, las dos primeras con finalización propia y las otras dos como asistente. Pero ni su cabezazo picado, ni su remate a quemarropa, ni los disparos en el área pequeña de Uche y Luis Suárez terminaron dando siquiera trabajo a Abad.

El Córdoba estaba muerto y entregado, pero los errores de su rival empezaron a darle algo de vida. Jugando cada vez más directo, Piovaccari entró en ebullición y en un santiamén estuvo a punto de dar la vuelta al partido. De un balón largo casi saca penalti a Salva Ferrer (pareció tocar la bola) y de otro se inventó una chilena desde la frontal que obligó a Bernabé a volar hacia el palo.

Ahí estuvo el empate, como poco después el segundo local en una contra de Pol que Loureiro cortó en penalti clarísimo, otra internada del extremo que terminó en el palo y un tiro de Suárez que Abad sacó de forma casi imposible, para dejar claro que más allá del error de De las Cuevas, si alguien mereció ganar fue el Nàstic. Y eso habla muy mal otra vez de este CCF.

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