El escáner | Jornada 6 Cuatro cambios, tres sistemas, dos goles... y un 'condenado' en el Córdoba CF

  • La revolución en Linares terminó aumentando la sensación de fin de ciclo y con Sabas fuera

Marc Más celebra el definitivo 2-0 para el Linares ante la desolación de varios jugadores del Córdoba CF. Marc Más celebra el definitivo 2-0 para el Linares ante la desolación de varios jugadores del Córdoba CF.

Marc Más celebra el definitivo 2-0 para el Linares ante la desolación de varios jugadores del Córdoba CF. / Juan Ayala

Era puerta grande o enfermería, y al final el doctor tuvo faena. El desangramiento que venía sufriendo en las últimas semanas el Córdoba CF se convirtió en Linarejos en una hemorragia que necesita intervención. Y entre los dirigentes blanquiverdes en la ciudad y los rectores de Infinity en Bahréin, la solución elegida para intentar recuperar al enfermo es cortar la cuerda que cede más fácil: el entrenador. Así, la etapa de Juan Sabas ya está finiquitada, aunque aún carezca de oficialidad. En Murcia habrá un nuevo técnico en el banquillo cordobesista.

Los episodios que se han venido sucediendo tuvieron su punto culminante en Linares, donde los blanquiverdes acumularon su segunda derrota consecutiva y alargaron a cuatro las jornadas sin victoria. Ya desde la previa del partido quedó claro que Sabas se la jugaba. Lo evidenció en la rueda de prensa del viernes y lo reafirmó a la hora de conformar la alineación el domingo. Hasta cuatro cambios introdujo, uno por línea menos en ataque, donde discutir a Piovaccari, aunque lleve sin marcar desde la jornada 2 -el equipo desde entonces apenas si ha hecho dos tantos-, parece complicado por la falta de competitividad que ofrecen sus recambios. Becerra, Robles, Xavi Molina y Moutinho fueron los elegidos para la guerra.

Ese tipo de revoluciones pueden ejercer de resorte en la plantilla, de toque de atención tras una semana muy complicada... o acabar en gatillazo. Y ocurrió nuevamente lo segundo. El equipo volvió a no jugar a nada, dio de nuevo una imagen de equipo menor, de esos que esperan a ver qué pasa con el rival, cómo se desgasta... Y eso en el Córdoba, en este Córdoba, no vale. Por ahí empezó a quedar sentenciado ya el futuro del técnico, al que acabó por condenarlo la derrota. Sin el sustento de los números, todo se cae, todo se desvanece.

Y no por tocar más teclas, el motor arranca. Porque, conforme el partido se iba perdiendo, con goles y con sensaciones, los movimientos desde la banda volvieron a demostrar desesperación. Y eso es de lo peor que le puede pasar a un entrenador: traicionar sus ideas, experimentar con cosas nuevas. Otra vez al descanso pasó de jugar con un punta al 4-4-2 y a la hora de juego agitó del todo la coctelera para dibujar un 3-4-1-2 desconocido hasta la fecha. ¿Mejoró la imagen? Sí, pero el marcador, ya demasiado volcado, no se movió.

Ya lo había hecho con anterioridad con los tantos de Hugo Díaz, cordobés de Almodóvar del Río que golea en la trinchera enemiga, y Marc Más, prácticamente en la primera pelota que tocaba, al transformar un penalti por una caída en el área de Isra que fue más teatro que falta. En ambas, más allá de algún posible error del colegiado, lo peor fue la fragilidad, la endeblez de una línea defensiva que ha pasado de ser infranqueable a vulnerable, que ha pasado de ser un muro a parecer un flan. Dos tiros y dos goles. Y fin de la historia.

Porque el futuro ya está escrito. Y por mucha culpa que tengan los futbolistas, que la tienen, como apuntó el capitán Javi Flores todavía sin haber digerido lo ocurrido, al final el único condenado será Juan Sabas. En las próximas horas será destituido y vendrá otro, al que se le exigirá lo mismo que a él: ganar partidos, meter al Córdoba entre los mejores y pelear por un ascenso del que hablar hoy, con la que está cayendo, suena a broma. Pero es lo que toca, dar otro giro en el guion para ver si el desenlace es el deseado.

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