Córdoba CF Un cambio... con pocos cambios

  • El 4-2-3-1 dibujó un Córdoba más compacto, pero con idénticos problemas en el juego ofensivo

  • La candidez del filial del Cádiz mantiene la incógnita sobre su idoneidad hasta próximas batallas

Enrique Martín se abraza a De las Cuevas, en presencia de Zelu, Owusu y Becerra, tras ganar al Cádiz B. Enrique Martín se abraza a De las Cuevas, en presencia de Zelu, Owusu y Becerra, tras ganar al Cádiz B.

Enrique Martín se abraza a De las Cuevas, en presencia de Zelu, Owusu y Becerra, tras ganar al Cádiz B. / Álex Gallegos

Después de seis jornadas con más sombras que luces y empujado por la primera derrota de la temporada, el Córdoba CF dio ante el Cádiz B un primer paso para intentar cambiar su sino: apartó el 3-3-2-2 y se mostró, durante los 99 minutos de partido, sobre un 4-2-3-1 de perfil cada vez más ofensivo que obtuvo el premio del gol en el descuento. Una modificación táctica que desde diferentes esferas se le reclamaba a Enrique Martín que no acabó de despejar las dudas sobre el rendimiento del equipo, aunque dejara algunos retazos importantes de mejora, ante un rival cándido que ni siquiera probó a Isaac Becerra. Es por eso que habrá que ver la futura evolución, si la apuesta es firme, en la doble salida a Algeciras y Cartagena, y el último duelo de octubre ante el líder San Fernando.

Pero más allá de eso, y a pesar de que el cambio de dibujo no provocó una metamorfosis completa, es cierto que hay motivos para la esperanza. Sobre todo en el juego sin balón, principal sustento del CCF para conseguir su objetivo a tenor de la importancia que tanto cuerpo técnico como plantilla dan a la portería a cero. Más incógnitas refleja la aportación colectiva en las labores de construcción ofensiva, dado que la mayoría de los ataques continuó siendo fruto de la inspiración individual, sin un plan preconcebido que ya toca perfilar.

"Lo importante es la actitud, pero es verdad que con esta manera igual nos exponemos menos, hay menos huecos", acertó a decir en la rueda de prensa postpartido el técnico cordobesista. El Córdoba volvió a no encajar tras tres jornadas con el grifo abierto, en las que recibió cinco tantos que dejaron la media en un gol por encuentro. La clave fue que el equipo se mostró con las líneas más juntas, bastante más equilibrado y no dudó ni un instante en replegar a todos sus jugadores a campo propio en más de una ocasión, con el objetivo final de minimizar esos espacios entre la defensa y la medular tan apetitosa para las medias puntas rivales y que se estaba convirtiendo ya en un quebradero de cabeza.

La ubicación en su puesto natural de ambos laterales y la presencia de un pivote más posicional se convirtieron en ejes de ese cambio a mejor de los blanquiverdes. Pero es verdad que el filial del Cádiz no exigió tampoco sobremanera a su oponente, por lo que la idoneidad o no de la variación táctica queda en suspense, porque habrá que ver el rendimiento en batallas reales, ante iguales, de un conjunto construido desde pretemporada para asentarse sobre una línea de tres centrales y dos carrileros largos.

Mejor sin balón que con él

Para lo que no hubo que esperar tanto es para ver que al Córdoba le sigue faltando, mes y medio después del comienzo de la competición, un punto más de confianza o valentía o capacidad en la elaboración del juego ofensivo. Durante gran parte del choque ante el cuadro amarillo, las únicas vías de escape fueron las carreras al espacio de Owusu y las apariciones entre líneas de Javi Flores por sorpresa. Del resto, poco o nada, lo que convierte en muy previsible la ofensiva cordobesista sea cual sea el enemigo de turno, y sean cuales sean los jugadores en el verde.

Al menos, esa situación viró, por acumulación más que por otra cosa, en el tramo final del encuentro, cuando Martín ya puso toda la carne en el asador con sus tres delanteros (Gabriel Novaes de referencia en el área, Juanto Ortuño como enganche y Owusu en la izquierda), De las Cuevas y Flores pisando de manera continua el campo rival y avasallando por completo a la escuadra cadista.

Eso sí, el acoso no se tradujo en ocasiones claras, apenas tres en todo el partido, que sí en llegadas, por fuera sobre todo, pero con carencias claras en la ejecución del último pase. Al final, de hecho, tuvo que ser a pelota parada, gran hándicap del Cádiz B en este arranque, como llegara el tanto del triunfo.

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