Los supervivientes al calor y a las obras de Alfonso XIII
Los comerciantes sufren de nuevo el inicio de los trabajos en la céntrica vía entre Capitulares y el Maimónides a lo que hay que sumar la inactividad del mes de agosto
Córdoba en agosto. Calor y obras. Estos ingredientes no vienen demasiado bien para el comercio, que ya de por sí atraviesa horas bajas, pero es lo que se sufre en gran parte de la ciudad. Los últimos en unirse a este grupo han sido los comerciantes de la calle Alfonso XIII ya que, aunque los trabajos comenzaron a finales de julio, ayer se reiniciaron las obras tras el parón por el descubrimiento de unas cloacas romanas. Las máquinas, por tanto, han empezado picar a la altura de la fachada del Instituto Maimónides y no pararán hasta levantar todo el asfalto hasta la calle Capitulares. La acera de algunos comercios ya está prácticamente destrozada y tan sólo unas pequeñas pasarelas de madera conectan con los locales que siguen abiertos. Sólo dos de entre los nueve comercios que se contabilizan en las dos aceras del tramo comprendido entre Capitulares y el Maimónides están abiertos.
Uno de estos lugares que permanecen abiertos es el de la Cuchillería Álvarez, cuyo propietario, Manuel Álvarez, lamenta las consecuencias de las obras de Alfonso XIII. "Claro que nos va a afectar, sobre a todo a los que permanecemos abiertos y no nos podemos ir de vacaciones, porque ahora vendrán menos clientes", aseguraba ayer Álvarez. Además, el paso de los autobuses hacía "que mucha gente nos viera y se parara a comprar, pero ahora eso no va a pasar", lamentó. El cierre al tráfico de la vía va a provocar que "sólo vengan los clientes de toda la vida, los que saben que la tienda está aquí", dijo Álvarez.
Junto con esta tienda de cuchillos, otro bar permanece abierto en agosto en este tramo de la vía. El resto ha preferido cerrar sus puertas, no sólo por las obras, sino porque este mes resulta muy poco prolífico para la actividad comercial en la capital. En la calle Alfonso XIII conviven cafeterías, tiendas de golosinas, mercerías, tienda de dulces y de ropa. Algunas todavía no tienen los piquetes encima, como es el caso de Lola Martorell, un comercio de moda femenina. Su dependienta, Belén, aseguró ayer que, afortunadamente, ese establecimiento recibe clientes "de los de toda la vida, y todos acceden andando", por lo que en principio cree que no le va a afectar demasiado.
En octubre finalizará la primera parte de los trabajos y después se comenzará con la siguiente fase con la que se pretende remodelar hasta la plaza de Capuchinas. Entonces, cuando se recupere la vida normal tras las vacaciones, tocará hacer de nuevo valoraciones para los empresarios de la zona que, además de la crisis, tienen las obras.
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