Córdoba

El rostro escondido de 'La Fuensanta'

  • Luisa Juana Felisa Natalia de Castro Rodríguez De niña posó como modelo para el pintor Joaquín Sorolla y de mujer llego a ser una de las musas y amantes de Julio Romero de Torres

El rostro escondido de 'La Fuensanta' El rostro escondido de 'La Fuensanta'

El rostro escondido de 'La Fuensanta'

Luisa Juana Felisa Natalia de Castro Rodríguez nació en Linares (Jaén) el 18 de mayo de 1892. Sus padres fueron Juan de Castro Reyes, de 29 años entonces, natural de Montoro y de profesión tratante; y Luisa Rodríguez Romero, de 20 años en aquel momento, natural, como ella, de Linares. El matrimonio tenía otra hija, Rafaela, un año mayor que ella. Las investigaciones sobre la vida de Natalia indican que la familia podría haberse trasladado a vivir a Valencia y posteriormente a Madrid, donde nuestra protagonista pasaría su infancia. Con sólo cuatro años, fue modelo de Joaquín Sorolla, en su estudio de la calle Martínez Campos. El pintor se inspiró en ella en cuadros como Mariquilla la guapa, Francisquita y Dos sevillanas.

Fue sobrina del artista Fabián de Castro Heredia, que pasó su infancia y juventud en Linares como minero y donde intentó ser torero, pero que su vena artística lo llevó a ser guitarrista y más tarde, en París, reconocido pintor al que llamaban El Greco gitano, codeándose con Picasso y Zuloaga. Es posible que estableciera conexión con Sorolla. Fue también modelo del escultor Mariano Benlliure y para los alumnos de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Sería el mismo Joaquín Sorolla quien aquí le presentó, con cerca de 30 años, a Julio Romero de Torres. A pesar de los recelos iniciales de Natalia a la hora de posar para él por considerarlo un pintor pobre y mujeriego, finalmente accedió a los insistentes requerimientos de Romero de Torres, llegando al poco tiempo a convertirse en su amante. Aseguró a los cuatro vientos que el pintor "me hizo su amante, lavándome la cara con agua bendita...". Natalia era el tipo de mujer cordobesa que Julio Romero de Torres gustaba pintar en sus más conocidas e inmortales obras y respondía al tipo de las "muchachas" elegidas para la mayor parte de sus lienzos, con los que adquirió una fama extraordinaria. Su pintura se puede considerar encuadrada en un estilo de un gran realismo popular y sentimental, inmerso en un mundo andaluz de guitarras, gitanos y mujeres morenas y ojerosas, no exento de cierto erotismo.

Varios fueron los cuadros y carteles que Natalia inspiró al "maestro", como a ella le gustaba llamar, entre los que caben destacar La nieta de la Trini (1929) -en la que la vemos en un desnudo integral-, obra en la que el pintor quiso hacer un homenaje a Trinidad Navarro Carrillo, cantaora paya, figura destacadísima de su tiempo, excepcional intérprete de malagueñas, una de las cantaoras más famosas de la historia. También inspiró Ofrenda al arte del toreo, una obra que recuerda a la Venus de Milo por su postura similar, tapándose con un capote medio cuerpo; o el cartel para la colección de Almanaques de la Unión de Explosivos Río Tinto titulado Mujer de la pistola, que ilustró el almanaque Maxan de 1925; y La Fuensanta, que es el que aparecía en los antiguos billetes de 100 pesetas -y en los que el rostro de Natalia, podía reconocerse fácilmente visionando el billete al trasluz-. No obstante, quien aparece abrazada al cántaro en el envés de dicho billete es María Teresa López, más conocida como La chiquita piconera.

Natalia se casó con el guitarrista Luis Moreno Romero, gitano de linares, conocido como El Pavo, que acompañaba normalmente al Niño de Marchena y a la Niña de Linares. No tuvieron descendencia y vivieron en la localidad jiennense hasta la muerte de este en 1954. Fue el último que acompaño a Pepe Marchena. Después, ella se trasladó a Madrid, al barrio de Lavapiés, a vivir con unos parientes. En 1970 se encontraba en la miseria, al enterarse de ello Ramón Barreiro, destacado pintor bilbaíno, uno de los acuarelistas más emotivos del momento, se le hizo un homenaje en el Eurobuilding, donde Natalia apareció con un vestido que Matías Montero le confeccionó y regaló. Hubo más de 60 invitados y se reunieron más de 10.000 pesetas en ese encuentro. Al final de la velada el ministro de Hacienda de la época envió, a través de su jefe de prensa, un sobre con diez billetes de 1.000 pesetas.

Luego se cruzó en su vida Antonio Begíjar, pintor nacido en 1938 en la localidad de su mismo nombre y muerto en Madrid en 2002, quien retrató en su estudio de la capital de España entre los años 60, 70 y primera mitad de los 80 del pasado siglo a flamencos, copleros, artistas, gitanos anónimos, personajes de la España profunda.

Cuando apenas tenía 15 años, Begíjar, cautivó con su pintura a la cantaora Carmen Amaya mientras ésta actuaba en el teatro Campoamor de Oviedo, quien lo bautizó como El pintor de los gitanos. considerado uno de los principales retratistas del pasado siglo, era muy selectivo y sólo pintaba a las folclóricas con un arte profundo. Natalia Castro fue su musa cuando contaba ya 62 años y él tenía 22. Desde entonces la pintó en cientos de ocasiones, realizando posiblemente el último de los retratos de esta gitana linarense.

Natalia en 1975 fue galardonada con la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo. Murió a los 83 años tras sufrir una neumonía. En Linares tiene una calle con su nombre. En su cementerio no es la única tumba cuya visita es recomendable, pero si la más modesta, es un nicho que pasa desapercibido en uno de los patios del cementerio viejo. Aquí yace la excelentísima señora Natalia Castro Rodríguez. Linares, 1892, Madrid 1980. Medalla al mérito en el trabajo, modelo y musa de insignes pintores, reza su inscripción sobre la que hay el retrato de una anciana de bellísimos ojos negros.

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