Niños bielorrusos en Córdoba Chernóbil: La mirada más inocente

  • Los diez niños bielorrusos intentan reducir los efectos de la radiación durante 10 días en Córdoba

  • El sol, la dieta mediterránea y el clima son los imprescindibles

El grupo de niños y Anida posan con el equipo de General Óptica. El grupo de niños y Anida posan con el equipo de General Óptica.

El grupo de niños y Anida posan con el equipo de General Óptica. / Laura Martín

La verdadera cura es sacar sonrisas a los niños. Una actividad inusual en General Óptica llamaba la atención desde Jesús Rescatado. ¿Ha comenzado el periodo de rebajas? Al parecer, la óptica lo regalaba todo, pero no a todos. Diez niños, procedentes de Bielorrusia, fueron los afortunados de llevarse gafas gratis. ¿Por qué son merecedores del poder de la mirada? Porque ellos conviven con las secuelas de la catástrofe de Chernóbil.

La asociación cordobesa Anida ha sido pionera en un proyecto de ayuda humanitaria. Ha sacado por primera vez a jóvenes bielorrusos del país con distintas patologías, para rebajar los efectos de la radiación, durante 10 días en Córdoba. “Nunca les han permitido salir, pero lo conseguimos”, comenta el presidente de Anida, Mariano Pérez. La asociación celebra el XX aniversario de su fundación y, dentro del programa de actividades, los niños –de 8 a 13 años– han visitado General Óptica para recibir un estudio detallado, tanto visual como auditivo.

En la óptica los jóvenes se lo pasaban en grande. “Ellos piensan que están de vacaciones” en Córdoba, ha añadido Pérez. Todas las mañanas al levantarse toman fruta y “a los niños les encanta”. Pérez cuenta que “allí, una pieza de fruta la cortan en trozos para compartirla entre todos”, además, “la que tienen allí, no es de buena calidad”. Córdoba les ha sorprendido porque “aquí pueden tomar una pieza para cada uno”.

¿Cuál es su fruta favorita? el Día ha tenido la oportunidad de hablar con los niños. Ivan Khanda, de 13 años, dice que “la comida aquí es muy rica. Las manzanas, las naranjas, la sandía… a mí me gusta todo”. Por su parte, Katsiaryna Lopukhava, también de 13 años, dice que su pieza preferida, sin duda, “es el melón”.

Uno de los niños se prueba sus gafas de vista. Uno de los niños se prueba sus gafas de vista.

Uno de los niños se prueba sus gafas de vista. / Laura Martín

La dieta es imprescindible para combatir la enfermedad. Los diez chicos proceden de la frontera con Chernóbil, es decir, la zona más contaminada del país. Estos días se ponen en valor las propiedades del aceite de oliva virgen extra y de la dieta mediterránea. Del mismo modo, el clima de Andalucía y las cualidades del sol. Durante los programas de acogida de Anida de dos meses, “los niños llegan a reducir un 40% los efectos de la radiación y alguna vez se ha alcanzado incluso el 60%”, añade Pérez.

La evaluación de salud se realiza en Bielorrusia, a través la prueba de cesio-137. Así se conoce el nivel de radiactividad exacto que tienen al salir del país y al volver. No obstante, la doctora, Alina Bedryi, afirma que “el estado de salud de los niños es mejor”. Destaca que “están más activos, no paran de bailar y practicar baloncesto y otros deportes”. Además, “aún nos quedan algunos días en Córdoba para mejorar estos resultados”.

El pasado miércoles, junto a Bedryi y la traductora, Valiantsina Pakhodava, los diez bielorrusos abrieron las puertas de la óptica a las 9:00 y, de uno a uno, realizaron las pruebas con el óptico y el director de General Óptica, Miguel Ángel Cortés. En todo momento, Pakhodava los acompañaba para traducirles lo que debían hacer.

Un momento durante las pruebas de visión. Un momento durante las pruebas de visión.

Un momento durante las pruebas de visión. / Laura Martín

Todo el equipo de la óptica cuidaba de los niños. A las 12:00 les dieron zumos y dulces, que tomaron entre risas y juegos. Los vecinos que pasaban por la calle se asomaban para ver de donde procedía el sonido de felicidad. Se hicieron fotos al grito de “¡kartoshka!” –el patata en bielorruso–.

Lo mejor del día, la selección de gafas. Se probaron todas las gafas. Cada uno esperaba el turno para comenzar a ver la vida con otra mirada. ¿Y los que no necesitaban gafas de vista? Se llevaron unas de sol porque Cortés defiende “la importancia de utilizar gafas de sol con la protección ultravioleta correcta”, sobre todo ellos, que “tienen los ojos claros”.

La óptica está sensibilizada con el desastre de Chernóbil. Este tipo de acciones “es una forma de concienciar a la sociedad de lo ocurrido”, explica el director, “hay que dar vivencia a la catástrofe” que cumple 33 años. “Creo que hacemos algo bueno”, añade Cortés, “esta labor no se puede comprar”.

Los profesionales detectaron problemas de visión, como ojos cansados y desviación. “Algunos es la primera vez que se hacen este tipo de revisión” y sólo uno de ellos traía gafas, pero “no ve correctamente con ellas”. Esto se puede deber a “efectos secundarios de su patología”. General Óptica enviará un informe detallado para que los niños sean tratados desde Bielorrusia.

Ivan Khanda realiza las pruebas en General Óptica. Ivan Khanda realiza las pruebas en General Óptica.

Ivan Khanda realiza las pruebas en General Óptica. / Laura Martín

Todos han tenido sus primeras gafas. “No pesan, tienen un tratamiento de endurecido para las caídas y antirayado”. Todos estaban alegres. No paraban de mirarse en los espejos y Maryana Sabaleuskaya, la más pequeña con 8 años, se decía a sí misma “¡krasiva, krasiva!” –guapa en bielorruso–.

General Óptica lleva dos años colaborando con Anida en Córdoba, en otros puntos de Andalucía, en La Rioja y León. El convenio está comprometido a regalar gafas a los niños bielorrusos. Las familias de acogida tienen estudios gratuitos y descuentos del 30%.

Pérez aclara que “la contaminación necesita más de 200 años para que sea eliminada”, y los niños como ellos son “las grandes víctimas de sus efectos”. Según el diagnóstico, han detectado trombocitopatía –enfermedad de las plaquetas que provoca el sangrado– en cuatro niños, vasculitis hemorrágica –inflamación y daño de los vasos sanguíneos– en otros cuatro, uno con histiocitosis X –enfermedad rara oncológica– y otro con anemia hemolítica –trastorno que causa la disminución de la masa de glóbulos rojos sanguíneos–.

El proyecto pionero es experimental. Pérez espera “que sea la primera vez de muchas”. Anida estudia la posibilidad de unos 25 niños para el próximo año y que al menos “se queden durante al menos un mes, porque los resultados serían mucho mayores”.

Más acogida

Otro de los proyectos que la asociación lleva a cabo, desde hace seis años, es el campamento de verano, que tiene una duración de dos meses. Este próximo verano llegarán 90 niños de Bielorrusia a distintos puntos de España, con las 28 familias de acogida.

Los jóvenes que visitan España en este caso ya han superado algunas patologías y sólo retienen pequeños síntomas o poseen un nivel bajo de contaminación.

El 24 de junio, llegará un primer grupo a Málaga, desde donde se distribuirán a los niños a diferentes municipios. El segundo grupo llegará a Córdoba el 26 de julio sobre las 19:00, al Jardín Botánico.

¿Cómo se puede acoger a uno de estos niños? Las familias interesadas en acoger deben dirigirse a la sede de Anida y rellenar un formulario. Entonces comenzará el estudio de la familia por parte de la entidad, como las posibilidades de mantener al niño durante su estancia, financiar parte del viaje del niño y la alimentación. Posteriormente, toda la documentación llega a Bielorrusia, donde es estudiada también.

Hasta recibir una respuesta favorable, pueden pasar tres meses y medio. Pérez anima a todas las familias a conocer esta experiencia porque “de verdad, son una alegría cuando vienen”. Además, “la sociedad necesita concienciarse de lo que ocurre ahora y recordar esta catástrofe” porque “son la cuarta generación que sufre sus secuelas”. A día de hoy, “algunas familias siguen en contacto con los niños, que ya son adultos y regresan como turistas”, ha explicado Pérez. Los niños “hablan con sus familias de acogida por Skype y Whatsapp”.

Cuando se solicita la acogida pueden pasar más de tres meses antes de que se acepte

Han llegado con una agenda repleta de actividades. Entre ellas, han visitado la Ciudad de los Niños y el zoológico. También, todos los días, sobre las 20:00, ponen fin al día con juegos y actividades lúdicas. Por su parte, el Ayuntamiento de Córdoba ha aportado un autobús turístico para conocer la ciudad y la Universidad de Córdoba (UCO) ha cedido la piscina de los colegios mayores.

El albergue de Cerro Muriano, donde se alojan, también cuenta con piscina. En el caso de Ivan, que practica natación profesional en Bielorrusia, dice que “me hace muy feliz tener piscina aquí”.

El cuidado bucal no es menos importante. Han visitado una clínica dental para realizarse una revisión bucal y una limpieza. “La contaminación que contienen los alimentos origina sarro”, aclaran.

Otra de las actividades programadas es una visita a la zona infantil de oncología de Reina Sofía, donde se encontrarán con niños cordobeses con patologías similares a las suyas.

Respecto al idioma, “al principio les cuesta un poco”, pero los problemas lingüísticos están cambiando. Ahora están empezando a dar clases de nuestro idioma allí”.

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