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Una nueva hipótesis basada en estudios arqueológicos y en proyecciones estadísticas sitúa la construcción de la primera muralla romana de Corduba en el siglo I antes de Cristo, un siglo más tarde de lo planteado hasta el momento, y cuestiona si Marco Claudio Marcelo fundó realmente la ciudad en el año 169 antes de nuestra era o se trata sólo de un "mito". Así lo ha expuesto el doctor Christopher Mickaël Courault durante el congreso Las murallas de las ciudades históricas. El caso de Córdoba, en el que ha presentado los últimos resultados de uno de los muchos estudios realizados sobre las líneas de protección de Córdoba a lo largo de sus 15 años de trayectoria investigadora.
Courault ha planteado una teoría que rompe con siglos de bibliografía tras tomar muestras de los sillares de calcarenita con la que los romanos construyeron no sólo las murallas, sino también las necrópolis y edificios públicos como el teatro y el templo, y aplicar fórmulas matemáticas atendiendo a la población y al tamaño que los historiadores han atribuido a Corduba en el momento de su fundación, en época de la República de Roma.
Y el análisis de todo esto le lleva a concluir que aquel primitivo lienzo circundaría un núcleo de unas 15 ó 20 hectáreas (y no de 45 como se cree), y que se habría levantado un siglo más tarde a la fecha de la fundación atribuida a Claudio Marcelo, pues "es probable que no sea el origen de Córdoba". Courault quiere responder así a cuestiones como por qué los romanos construyeron una muralla de piedra mientras utilizaban materiales "humildes" para las viviendas en aquellos primeros momentos, o al supuesto parón en el circuito de explotación y abastecimiento de sillares para erigir monumentos.
Para el investigador, resulta "más lógico" plantear una "densificación" del hábitat en torno a lo que sería el campamento militar después de los ataques de Viriato (en la segunda mitad del siglo II antes de Cristo) y por la incorporación paulatina y definitiva de los turdetanos que residían en la Corduba originaria, ubicada en la colina de los Quemados, lo que ahora sería el entorno del Parque Cruz Conde y el teatro de la Axerquía. Aquellos primeros pobladores se habrían establecido paulatinamente junto a los romanos, abandonando su asentamiento original.
Courault ha advertido, además, de que "de la muralla republicana queda mucho menos de lo que pensamos", básicamente unos tramos muy reducidos en Ronda de los Tejares (adosados en la sede central de Cajasur) y en la avenida de la Victoria. A todo esto se suma el inconveniente de que la muralla republicana "está repleta de forros", lo que quiere decir que lo que se ve puede en la actualidad son añadidos posteriores o refuerzos, y no los sillares originales.
A este rompecabezas se suma la "cantidad tremenda de material reutilizado" que incorpora, entre otros elementos, sillares adobelados "muy bien trabajados", sillares almohadillados, sistemas de desagüe e incluso restos de ladrillo, un material que no se utiliza en la Península Ibérica hasta mediados del siglo I, como ha advertido el experto. Todas estas consideraciones lo llevan a concluir que "es muy probable que la muralla fundacional de Córdoba fuera edificada un siglo más tarde de lo que se cree".
Para su análisis, el doctor Christopher Mickaël Courault cotejó en laboratorio 80 muestras de calcarenita de sillares no sólo de las murallas romanas, sino de necrópolis y de edificios públicos como el templo y el teatro. El objetivo era analizar qué tenían en común y si procedían de las mismas canteras. Y el resultado es sorprendente, con hasta 12 centros de extracción diferentes, muchos de ellos desconocidos; hasta ahora se tenía la creencia de que Corduba se levantó básicamente sobre sillares de Santa Ana de la Albaida y del Castillo del Maimón, cuando tuvo que existir una actividad mucho más amplia.
En Roma existía una "demografía de la construcción", y se calcula que entre el 4 y el 6% de la población masculina se dedicaba a esta actividad. Suponiendo que en la Corduba de Claudio Marcelo había 4.000 varones como la tradición ha aceptado, esto quiere decir que habría 30 canteros disponibles, por lo que habrían necesitado 350.000 días laborales para la construcción de las murallas republicanas, casi 17 años de trabajos. Erigir los lienzos constaba de cinco etapas: extracción, pars rustica, transporte, finitura y colocación, según la descripción de Courault.
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