Crónica

Un libro vincula Andújar y Córdoba desde el distinto trato a sus juderías

  • El historiador Manuel Toribio García entrelaza en un relato autobiográfico su ciudad natal y Córdoba

Manuel Toribio García. Manuel Toribio García.

Manuel Toribio García. / Rafa Alcaide / Efe

El historiador Manuel Toribio García (Andújar -Jaén-, 1958) ha entrelazado en un relato autobiográfico su ciudad natal y Córdoba, donde ha desarrollado gran parte de su labor como profesor de historia, desde el distinto trato recibido por sus juderías.

Se trata de "un ejercicio de autoficción, porque es imposible recordarlo todo", que vincula la judería de la población jienense, que desapareció por la piqueta a favor de la avenida del 12 de agosto, fecha en la que se data la aparición de la Virgen de la Cabeza, "que destrozó todo lo que era el barrio antiguo de la ciudad" y de la que no queda prácticamente documentación, con la de Córdoba, conservada y con una amplísima bibliografía.

"Mi calle tenía la fisonomía de los viejos barrios históricos y en a los años 70 se hizo una gran avenida en Andújar", relata en una conversación con Efe, una transformación de la que fue "testigo directo, porque mi infancia transcurrió allí".

De hecho, "mi tesis de licenciatura (De la Judería de Córdoba a la de Andújar. Recuerdos de una vida, reflexiones de un historiador) la hice sobre la destrucción del conjunto histórico de Andújar".

En Relato de la Judería de Andújar (2020) ha entrelazado los recuerdos "en un ejercicio de autoficción con la historia de lo que les pasó a los judíos en mi pueblo".

Toribio vivió su infancia y adolescencia "en una vieja casa de la calle Juderías", que recuerda "muy parecida a la de los patios cordobeses", porque "la vinculación entre Andújar y Córdoba es fortísima, nos parecemos mucho", enfatiza.

El historiador, que ha ejercido como profesor de historia en institutos de El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, en Cádiz, y Córdoba, hasta su jubilación como vicedirector del instituto Luis de Góngora, defiende que "Andújar y Córdoba siempre han tenido mucha relación, a Andújar le dicen Córdoba la chica. Los hechos históricos son paralelos, los dos pogromos tienen en ambas ciudades una gran importancia".

Como escribe en su libro, "de una Judería partida en dos, rasgada como por un arroyo salvaje que cae del pedregal y grita y todo se lo lleva, a la ciudad de la Judería por antonomasia, la de Córdoba".

Manuel Toribio, autor de varios libros de historia y poesía y principal especialista en la vida del líder republicano cordobés Antonio Jaén Morente, sitúa a Andújar como "una ciudad más del Valle del Guadalquivir que sufrió los dos terribles pogromos que hubo en 1391 y en 1473, donde primero contra los judíos y luego contra los conversos, se desató la ira del pueblo".

Ello, señala, "porque de alguna manera eran el chivo expiatorio de tantas tensiones sociales que había en la época, ya que de los judíos salían los recaudadores de impuestos, los funcionarios de la burocracia real y de los nobles, eran los intelectuales, la gente que controlaba el préstamo con la usura, había una especie de inquina y las juderías fueron arrasadas".

Su vida pasa por una especie de vinculación con el espacio físico de las juderías, que "no hay que entenderlas solo como un gueto donde se pretende mantener encerrados a los judíos, sino como el espacio físico donde vive la comunidad hebrea conforme a sus normas y puede ser mejor protegida de ataques foráneos", refiere en su última obra.

"Me siento en paralelo con mi gran maestro, don Antonio Jaén Morente, que nació y vivió la calle Judíos de Córdoba", señala.

Además, "al hablar de la judería de Andújar no hay mucha documentación y como vivo en Córdoba, he dado un salto y voy al Archivo Municipal y encuentro información de cómo es la calle Judíos o la Sinagoga, de la que se ocupó mucho Antonio Jaén, que participó en la conmemoración que se hizo en 1935 y utilizo (en el libro) sus textos y descripciones y unos testamentos que saca de judíos que había encontrado".

Vinculación que también comenta en su obra cuando relata como "hace poco visité con Ana (su esposa) el Alcázar sevillano y al salir nos topamos con la calle Judería, que en la urbe hispalense aún se conserva casi en su estado primigenio. Era como si volviera a mi infancia".

El autor aspira, en todo caso, a contar "por una parte mis recuerdos de niño y por otra la historia de los judíos, no es fácil entrelazar una historia con la otra, pero ha sido un ejercicio literario que me he permitido hacer en la estela de querer imitar a grandes maestros míos como son Albert Camus y su El primer hombre o Manuel VilaS y sus libros Ordesa y Alegria”.

En todo caso, "el libro es una especie de visión de cómo un niño que luego se hace adulto e historiador va viendo, a nivel afectivo y a nivel de historiador, con esos ojos que le da la historia del arte y con esos ojos que le salen del corazón, este proceso de cómo la vieja Andújar va desapareciendo y cómo surge una nueva ciudad".

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