Córdoba

Coronavirus en Córdoba: 'Soldados en pijama', la batalla ante el covid-19 desde dentro

  • Juan José Giménez, médico de Urgencias del Reina Sofía, narra su día a día en la primera línea de lucha ante la pandemia

Un sanitario camina por uno de los pasillos del Reina Sofía. Un sanitario camina por uno de los pasillos del Reina Sofía.

Un sanitario camina por uno de los pasillos del Reina Sofía. / Juanjo G.

Atraviesas la puerta de urgencias. Comienza un nuevo turno, un nuevo reto. Atrás tu vida habitual... ¡tan diferente...! Delante un mundo cada día menos desconocido. Sabes que entras al campo de batalla de una guerra sin armas que no has escogido, con escudos de tela y plástico, balas radiográficas y soldados en pijama. Una pelea sin golpes, donde el más pequeño todavía parece que gana.

Te colocas la armadura (bata, guantes, mascarilla, gafas, gorro y pantalla) en medio de un silencio sólo quebrantado por la magia de un puntual aplauso que cada día nos motiva y engalana. Frente a ti, la línea enemiga, invisible, esa que enferma y que también mata, cabalgando a lomos de inocentes que simplemente pasaban. El peligro es muy real. Se abre el fuego. Escuchas como nunca tu respiración, que se acelera. Todo se empaña. Estás incómodo, pero es momento para otras cosas. A unos metros, tras la puerta, el sonido del miedo. Agobio, alguna tos... y más silencio.

"Paciente con ahogo y fiebre", escuchas decir a la enfermera, que a duras penas distingues porque sólo ves un diez por ciento de su rostro. Pero en ese trocito ya derrocha desmedida valentía, como el resto del escuadrón de improvisados guerreros. Cada uno a lo suyo, implacable, siguiendo un protocolo que se moldea cada día en función de lo que unos a otros nos vamos enseñando.

Ante la careta protectora, un único espacio para los ojos, el resquicio mínimo para dejar escapar un cruce de miradas entre iguales. Porque aquí no hay médico ni paciente, sino dos personas que, en mitad del paréntesis que dibuja el miedo, se hacen necesarias. Pocas veces dos miradas se dijeron tanto en tan poco tiempo...

Sientes desde hace días que el mundo entero es tu familia. "Vas a salir de esta, hermano. Entre todos te sacaremos". Y no hay tiempo para más. Detrás ya asoma el siguiente reto, otro enemigo al que vencer, otros ojos asustados, otro pequeño gran mundo en forma de persona. Empieza otra vez la lucha para romper lo antes posible y para siempre ese metro de distancia que hoy nos separa.

No somos héroes. No más que cualquiera que sepa cuándo es vital anteponer el grupo al individuo. Es el mecanismo que siempre ha usado la naturaleza para abrirse paso. En estos momentos, la razón no importa, pues nos haría más débiles. Sólo toca actuar, animar, tener las ideas claras y dar cada paso con la certeza de no haber dejado nada escapar.

Las horas pasan rápido, pues el tiempo se detuvo en el momento de cruzar la puerta. Te quitas tu armadura, debajo de la cual se encuentra la de verdad, esa que no se puede tocar y que debemos mantener intacta para no desfallecer.

Sales del hospital. Todo está tranquilo, como si nada. Delante de nuevo tu vida habitual, donde las cosas acontecen a otro ritmo... Pero ya no eres el mismo, porque una parte de ti se quedó detrás, con tu gente, donde la batalla continúa incesante, ajena a tus preocupaciones, librada por un nuevo escuadrón de soldados en pijama, otro puñado inigualable de valientes.

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