Regina: el convento olvidado de Córdoba

Patrimonio

El Ayuntamiento quiere retomar ahora con fondos propios un proyecto en el que fracasó hasta el punto de tener que devolver la financiación pública adjudicada para el mismo por no ejecutarlo

Fachada del convento de Regina Coeli.
Fachada del convento de Regina Coeli. / El Día

La rehabilitación del convento de Regina Coeli se ha convertido en uno de los proyectos que se han eternizado en Córdoba. El Ayuntamiento ha asumido que tendrá que efectuar esa rehabilitación con fondos propios después de que expirara el objetivo de llevar a cabo a través del Plan Turístico de Grandes Ciudades la reforma de un enclave en ruinas en el que había proyectado un Museo de las Cofradías o un Museo de las Cuatro Culturas. Y después de haber tenido que devolver por no ejecutar el proyecto, la financiación pública que obtuvo para ello.

El presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo (GMU), Salvador Fuentes, ya advirtió de que “esta obra interminable tiene que finalizar; el camino es complejo pero tenemos una deuda con la historia y el barrio y, como dice el alcalde, es un proyecto de ciudad. Necesitaremos años y presupuesto para una rehabilitación completa del complejo del antiguo convento incluyendo el gran patio dado los márgenes presupuestarios estrechos venideros, pero lo haremos. Esto implica que, de cara a plantear la actuación, se hará lo posible para poner presentables partes del complejo conventual que servirá de contenedor cultural y elemento dinamizador de la Axerquía. El resultado debe ser algo parecido a la rehabilitación realizada de la sala de Orive”, señaló el responsable de Urbanismo, quien de esta manera admitió que esa rehabilitación de Regina Coeli se dilatará en el tiempo.

Pero, ¿qué valor tiene para la ciudad ese edificio que cada día que pasa amenaza más ruina? Rosa Bustamente, María de los Ángeles García y Luis Alberto Ruiz dejan muy clara esa importancia en la memoria del proyecto de rehabilitación que elaboraron para esta iglesia y antiguo convento de Regina Coeli, que se encuentra dentro del casco histórico de Córdoba, justo en el punto de encuentro de los barrios de San Andrés, San Pedro y La Magdalena. El proyecto iba encaminado a “recuperar el valor patrimonial, artístico y cultural del antiguo convento. Así como generar en la ciudad un nuevo equipamiento de carácter cultural, una biblioteca”.

Detalle del interior del convento.
Detalle del interior del convento. / El Día

Los trabajos diseñados iban encaminados a la puesta en valor de la antigua iglesia de Regina Coeli a través de la restauración del artesonado de la cubierta de la nave principal; la recuperación y conservación de pinturas de los paramentos verticales de la nave principal; la reconstrucción del coro y soto coro; y la recuperación del pavimento de toda la nave. Además de la rehabilitación de carpinterías, vidrios y cerrajerías de la envolvente de la iglesia; la recuperación del patio noroeste anexo al soto coro para eliminar su condición de fondo de saco dotándolo de zona de lectura y cafetería; la eliminación de aquellos elementos que alteran los espacios de la edificación tradicional religiosa –tabique de separación coro con nave principal, perfiles metálicos...–; la dotación a este espacio de un uso cultural que sea lugar de encuentro para los ciudadanos y rehabilitar la zona de administración.

Todo ello en una iglesia de Regina, que fue inscrita como Bien de Interés Cultural (BIC) en el Catálogo del Patrimonio Inmueble de la Junta de Andalucía en el año 1979.

Contexto histórico

En su estudio y proyecto de rehabilitación, Rosa Bustamente, María de los Ángeles García y Luis Alberto Ruiz detallan que este convento de monjas dominicas fue fundado a finales del siglo XV en la Axerquía de Córdoba, en la collación de San Pedro. Estaba cerca del lienzo oriental de la muralla de la ciudad baja. En el plano de los franceses no figura el convento, aunque se representa la calle y la plazuela de Regina. Ocupaba una extensa manzana delimitada por la calle Regina (conocida desde la segunda mitad del XV como Rehoyada), donde se halla la iglesia, la calle Almonas (denominada a partir de la segunda mitad del XV calle de las Cámaras Altas; y en la actualidad Gutiérrez de los Ríos), las callejas de Alcántara y la calle de la Palma (sin nombre en el citado plano).

El convento fue constituido el 17 de julio de 1499, cuando Luis Venegas otorgó su testamento en el que mandaba que lo enterrasen allí, pues había decidido, junto con su mujer, Mencía de los Ríos, fundarlo y edificarlo. El mismo día hizo testamento su mujer, en el cual otorgaba poder para crear el convento en la casa donde vivía. Teodoro Ramírez de Arellano afirma que el convento fue dotado con unas casas que poseía la fundadora en la calle Marmolejos (actual Rodríguez Marín). A pesar de todo, hay constancia documental de que la iglesia se estaba levantando el 23 de marzo de 1564. El convento sufrió varias vicisitudes a lo largo de su historia. Según Teodoro Ramírez de Arellano, en 1804, a causa de la muerte de 14 monjas por la fiebre amarilla, las religiosas abandonaron el lugar y se marcharon al de Scala Coeli, hasta que la epidemia se extinguió.

Detalle del artesonado de la iglesia del convento.
Detalle del artesonado de la iglesia del convento. / El Día

Cuando regresaron, no sería por mucho tiempo pues en 1837 el convento fue suprimido y expropiado durante la desamortización de Mendizábal, adjudicándose al Ayuntamiento de Córdoba. En 1847 se creó en él la Escuela de Veterinaria en una parte y otra fue ocupada por el cuartel de la Guardia Civil. La iglesia seguiría abierta al culto durante unos años más, aunque finalmente, también fue vendida. A partir de este momento, se empleó para fines tan diversos como teatro de comedias para aficionados, fábrica de paños, almacén de tocino, cuartel o o fábrica de moneda falsificada. Sin duda, este último el más curioso, sobre todo porque el responsable de dicha fábrica resultó ser un niño. Por último, en los años 80 del siglo XX se empleó como almacén y finalmente, quedó abandonado, lo que contribuyó a que se deteriorara rápidamente.

El 6 de julio de 1979, la iglesia del convento de Regina Coeli fue declarada BIC. El muro del hastial trasera de la iglesia fue reconstruido en 1981, mientras que en 1993 se demolió uno de los cuerpos del convento colindante a viviendas. En mayo de 2006 se consolidó la fachada y en 2008 se ejecutó la limpieza del complejo. No obstante, el edificio sigue presentando un avanzado estado de abandono y por ellos se incluyó en el Plan de Grandes Ciudades para su recuperación. Del antiguo convento solo se conservan la iglesia conventual y algunas ruinas anexas entre las cuales se encuentran dos patios, uno de ellos con galerías con arcos de medio punto y columnas.

La Córdoba conventual

En el estudio de Rosa Bustamente, María de los Ángeles García y Luis Alberto Ruiz queda patente que la capital cordobesa asistiría durante las últimas centurias medievales al nacimiento de numerosas clausuras femeninas. En la mayoría de los casos se trataron de fundaciones realizadas por miembros de la nobleza y de la oligarquía local. Las primeras quedaron ubicadas a intramuros, distribuidas por algunas de las collaciones de los dos ámbitos en los que se dividía la ciudad: la Ajerquía o zona oriental y la Villa o zona occidental.

De este modo, la Córdoba Moderna heredaría de la etapa bajomedieval: el monasterio de Santa Clara, de franciscanas clarisas, primera fundación femenina realizada en esta urbe; el monasterio de Santa María de las Dueñas, de monjas cistercienses; los conventos de Santa Inés, Santa Cruz y Santa Isabel de los Ángeles, de franciscanas; el monasterio de Santa Marta, de jerónimas; y los conventos de Santa María de Gracia, Regina Coeli y Santa Catalina de Sena, de dominicas.

Los aires de bonanza vividos por la ciudad de Córdoba durante el siglo XVI favorecieron la realización de algunas transformaciones urbanas, así como la construcción de nuevos edificios. De este modo, la capital fue adquiriendo una fisonomía más acorde con los nuevos tiempos, alumbrados por la cultura del Renacimiento. Al igual que en otras urbes hispanas, durante el Quinientos las fundaciones cenobiales fueron forjando la imagen conventual de la ciudad.

Operarios realizan trabajos en una de las mejoras efectuadas en el edificio.
Operarios realizan trabajos en una de las mejoras efectuadas en el edificio. / El Día

En la primera mitad de esta centuria surgían los monasterios de la Encarnación y de la Concepción de Nuestra Señora (ambos pertenecientes a la Orden del Cister); el convento de Santa María de las Nieves, de monjas agustinas; el convento de Jesús Crucificado, de dominicas; y el convento de Jesús y María, de religiosas mínimas de la Orden de San Francisco de Paula. Ya a finales del Quinientos era fundado el convento de Santa Ana, de carmelitas descalzas.

En el transcurso del siglo XVII fueron seis los claustros femeninos que se agregaron a los ya existentes: el convento del Espíritu Santo, de dominicas; el convento del Corpus Christi, de dominicas recoletas; el convento de San Martín, de religiosas cistercienses; el convento de la Encarnación Agustina; el convento de San Rafael, de franciscanas recoletas; y el convento de Nuestra Señora de la Concepción, llamado también del Cister.

De la actividad fundacional emprendida en la capital cordobesa desde las centurias bajomedievales y prolongada hasta bien avanzado el Seiscientos, se constata la presencia de 20 claustros femeninos. Junto al también elevado número de comunidades masculinas (que igualmente fueron estableciéndose en la ciudad desde los tiempos de la reconquista), hicieron de Córdoba una ciudad conventual. La mayor concentración de comunidades femeninas se produce en el ámbito de la Villa (13 clausuras), cantidad que viene casi a duplicar el número de las ubicadas en la Ajerquía (siete clausuras).

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