La Gloria de San Agustín

Redonditos

Una mujer transita por una calle vacía. Una mujer transita por una calle vacía.

Una mujer transita por una calle vacía. / Juan Ayala

Para pasar el tiempo y para hacer esto más llevadero, mi hermana y mi cuñado se pasan el día buscando en el ordenador recetas de comidas, para no hacer los mismos platos como siempre. Y el problema, porque es un problema, es que les están saliendo la mar de buenos y como esto siga así cuando nos dejen salir yo voy a ir rodando desde San Agustín hasta Santa Marina, lo que yo les diga, porque vaya como me estoy poniendo de comer todos los días.

El otro día, solo por poner un ejemplo, yo creo que fue el jueves, que con esto de estar encerrado ya ni sé el día en el que estoy, con tres alcachofas y unos trozos de pollo hicieron un arroz que faltó poco para que se me saltaran las lágrimas, lo que yo les diga. Vaya cosa rica. Y lo mismo todos los días, y menos mal que los postres solo los dejan para los fines de semana, que si fueran también todos los días yo no sé por cual agujero del cinturón iría ya, la verdad.

Bueno, es que cada cual lleva esto como mejor puede, que estar todo el rato viendo la tele no puede ser bueno, sobre todo porque se te viene el mundo encima y eso no creo que le venga bien a nadie. Vamos a ver, de esta vamos a salir, que eso lo tenga claro todo el mundo, y por eso no hay que estar fustigándose, que sufrir dos veces no es de listos, precisamente. Y sufrir por sufrir es el peor de los negocios. Eso cuando toque, si toca, que no nos va a tocar.

Antes decía que se me saltaron las lágrimas con el arroz que hicieron mi cuñado y mi hermana, pero mucho más cuando salí, dos minutos nada más, a tirar la basura y me encontré con Cayetano y con Soraya cerca de los contendedores. Y prometo que fue casualidad, como si alguien nos hubiera dicho a qué hora teníamos que salir. Fue muy bonito, muy emocionante, la verdad, pero también muy raro, que eso de ver a la gente que quieres y no poder abrazarlos se me hizo extraño, muy raro.

Pues a eso nos vamos a tener que acostumbrar, al menos durante un tiempo, que no vamos a pasar de estar encerrados a pegarnos achuchones en la calle, eso que lo tenga claro todo el mundo. En fin, que yo cuento los días, pero al revés, y ya nos queda menos para estar fuera. Y que será un mayo diferente, sin nuestras queridas fiestas, pues bueno, pero que también lo vamos a disfrutar, y a lo mejor más de lo que imaginamos. 

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