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Córdoba

"Pido todos los días a Dios que cuide de la persona que me salvó la vida donando su médula"

Josefina León, con su marido y su hija pequeña. Josefina León, con su marido y su hija pequeña.

Josefina León, con su marido y su hija pequeña.

Hace casi 11 años, Josefina León tuvo que someterse a un trasplante de médula que la salvara de la leucemia que padecía. El donante fue un joven de 24 años de Reino Unido por el que esta baenense pide a Dios todos los días.

En una analítica rutinaria salieron las plaquetas demasiado altas y, tras hacerle varias pruebas, le diagnosticaron trombocitemia esencial crónica, una enfermedad de la médula ósea. Estuvo casi tres años con tratamientos y revisiones que le controlaron el problema, pero en octubre de 2006, después de hacerse una analítica, el especialista que la trataba en el Hospital de Cabra le comunicó que tenía todos los niveles descontrolados y la derivó al Hospital Reina Sofía.

Allí le dijeron que "la trombocitemia se había convertido en  leucemia mieloide crónica" y avanzaba rápido. Estuvo año y medio con otro tratamiento, muchas pruebas e incluso una transfusión hasta que el diciembre de 2007 comprobaron que no estaba dando resultado. 

Después vino otro tratamiento que tampoco fue beneficioso hasta el punto de que su especialista le preguntó si tenía familiares para ser posibles donantes de médula. "La verdad es que yo no me sentía mal porque con los medicamentos que me pinchaban me daban la vida", recuerda, aunque sí tenía un color de cara "pajizo" y el pelo se le comenzó a caer en abundancia.

Josefina pasó por sesiones continuas de quimio durante seis días para destruir su médula

La única hermana que podía hacerse la prueba no era compatible, así que en enero de 2009 la pusieron en lista de espera y tuvieron que recurrir al Registro de Donantes de Médula Ósea (Redmo). En marzo ya habían localizado a dos personas que podían ser compatibles, aunque el más adecuado era un joven de 24 años de Reino Unido compatible ocho sobre diez. 

Entonces, "comenzaron a hacerme una cantidad de pruebas que ya ni me acuerdo", pero el trasplante prefirieron dejarlo para después del verano. Josefina ingresó en la cámara de aislamiento del Reina Sofía el 26 de octubre, donde le pusieron quimioterapia para destruir su médula ósea.

En ese tiempo de aislamiento "para volverme loca faltó poco", explica, porque a las ganas de ver a su familia se sumaba su mal estado físico. Eso sí, recuerda con cariño el buen trato que tuvo por parte de las enfermeras, que "venían sin llamarlas, sobre todo los primeros días de la quimio". Aguantó sesiones continuas durante seis días, sin descanso. "El 3 de noviembre estaba muerta, pensé que si pudiera abrir la puerta e irme a mi casa, en Baena me moría porque no me dolía nada, pero no tenía fuerzas", apunta Josefina. Todo esto fue acompañado de vómitos y mucositis grado cuatro (llagas en la boca), así que le introducían el alimento por vía parenteral.

El 4 de noviembre de 2009 recibió la médula de su donante y el día 20 del mismo mes salió de la cámara. Luego el camino fue duro. "Un año de mi vida fue perdido, como me advirtió el doctor Casaño", recuerda Josefina. Tenía que ir al hospital un par de veces a la semana, tenía fiebres recurrentes, pasó por virus y tuvo un poco de rechazo contra el injerto. "Me tomaba una lista de pastillas interminable", apunta.

Cuando logró recuperarse "parecía otra y el hecho de subir las escaleras sin ayuda me maravillaba"

Así estuvo hasta el 20 de agosto de 2010, cuando llegó a una revisión con mucho frío y al ponerle el termómetro comprobaron que tenía 40 grados. La dejaron ingresada y descubrieron que el port-a-cath (un dispositivo que proporciona un acceso venoso permanente) se le había infectado; de ahí la fiebre. El trasplante estaba perfecto.

Cuando consiguieron eliminar la infección, Josefina recibió el alta y volvió a su casa. "Parecía otra, el simple hecho de subir sin ayuda una escalera me maravillaba", señala. De forma progresiva, fue mejorando y desde entonces no ha vuelto a tener problemas.

Ahora tiene 64 años y tiene algunas secuelas, por ejemplo un brazo empezó a dolerle mucho y le dijeron que posiblemente fuera de la quimio, tiene la tensión ocular alta y el colesterol empezó a salir en las analíticas alto después del trasplante. Pero por lo demás está bien, de hecho no le dieron ni la invalidez en el tribunal médico.

Estos meses de la pandemia su marido y ella no han salido de casa ya que su vecina de enfrente les ha hecho la compra cuando lo han necesitado, así ambos han podido protegerse del coronavirus. El pasado lunes pisaron la calle por primera vez desde el 14 de marzo porque tenían que arreglar unos papeles.

Estos casi 11 años, Josefina ha podido llevar una vida normal, le ha ido "muy bien" con su trasplante y destaca que "la calidad de vida es bastante mejor que la que tenía antes". Por eso, recomienda "a todo el mundo que done médula". "Soy creyente y doy gracias a Dios todos los días por esta vida, pero también le digo que cuide de la persona que me salvó, que fue ese chico", concluye.

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