Turismo

La Mezquita-Catedral de Córdoba, a solas por el coronavirus

  • El cierre a los turistas del principal monumento de la capital provoca que hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos tampoco abran

La Mezquita-Catedral de Córdoba, cerrada a los turistas. La Mezquita-Catedral de Córdoba, cerrada a los turistas.

La Mezquita-Catedral de Córdoba, cerrada a los turistas. / Lolo Agredano

Es noviembre y las temperaturas son, por el momento, livianas en Córdoba, al igual que el pasado mes de marzo cuando el coronavirus comenzó a lastrar la vida y la economía de todo el país. Sin embargo, ahora no llega la primavera, sino que estamos en pleno otoño y a la espera del frío, pero la Mezquita-Catedral vuelve a estar cerrada a las visitas, aunque mantiene las celebraciones litúrgicas.

Este virus ha vuelto a provocar la clausura del principal reclamo turístico de la capital cordobesa -en cuyas puertas de acceso se han ubicado carteles informativos- y, con ello, el cierre de hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos que la rodean. La ausencia de turistas, por las medidas de restricción de movilidad para evitar que la transmisión del covid-19 siga en aumento, es el remate a un sector que atraviesa una más que notable crisis y que sigue agravándose conforme el virus avanza y se aplican nuevas medidas restrictivas. 

El silencio se ha apoderado de las ahora envidiadas calles de la Judería repletas de visitantes, solo roto por los pocos vecinos que viven en esta zona de la capital. Entre ellas, cuatro mujeres de mediana edad que a media mañana vuelven de hacer la compra de "la plaza grande, La Corredera", apunta Lola, cargada con varias bolsas de productos frescos, mientras apenas se detiene para contemplar la escena con sus amigas.

"Esto no nos gusta y es muy triste, pero no hay más remedio; si es que los turistas no pueden venir", anota con semblante triste, mientras que sus tres amigas le dan la razón. 

Y sí, prácticamente todos los establecimientos del entorno de la Mezquita-Catedral de Córdoba permanecen cerrados, pero dentro de ellos hay uno que ha decidido continuar con su actividad. Es Juan, propietario de una tienda "sin nombre" en la calle Judería, que ha abierto a pesar de las circunstancias. Este pequeño negocio, en el que se pueden encontrar cualquier tipo de recuerdo de Córdoba, tiene casi un centenar de años de existencia.

Los propietarios de la única tienda de recuerdos abierta en la calle Judería. Los propietarios de la única tienda de recuerdos abierta en la calle Judería.

Los propietarios de la única tienda de recuerdos abierta en la calle Judería. / Lolo Agredano

Fue el padre de Juan quien la puso en marcha y la mantuvo durante medio siglo; a continuación llegó su turno y ha estado al frente de la misma durante los últimos 40 años vendiendo postales, abanicos y todo tipo de artículos turísticos y quien, además, confía en que su hijo Álvaro pueda seguir al frente de la misma. "No tenemos otra cosa e intentamos mantener el trabajo", reflexiona, al tiempo que reconoce que "si antes estábamos en la UVI -tras el confinamiento-, ahora estamos muertos". 

Este pequeño empresario intenta no perder la sonrisa, pero reconoce que "las ventas se han reducido un 95% respecto al año pasado" y, como ejemplo, indica que tras el confinamiento "vendíamos, por ejemplo, 100 euros, y luego cinco, pero ahora nada". 

"No abrimos para vender, sino para mantener la tienda y aquí estamos arreglando y haciendo balance", anota, mientras reconoce que no han encendido ni siquiera la luz para reflexionar que "mantener un negocio es también ganar dinero".

Los restaurantes tampoco ofrecen servicio en este entorno y pocos han sido los que se han aventurado a abrir. Uno de ellos ha sido el bar Santos, conocido por sus famosas tortillas de patatas que reúnen a numerosos turistas que llegan a Córdoba, pero en el que estos días apenas hay clientes, por no decir que ninguno. Su encargado es Jesús Maldonado, quien lamenta que "aquí no hay nadie y solo hemos abierto la heladería Queen y el Pimpo, pero no hay nadie". 

Cierre justificado

"Estamos deseando que todo esto se supere y con ello volver a la actividad progresivamente", señala el deán-presidente del Cabildo Catedral de Córdoba, Manuel Pérez Moya, ante el cierre del inmueble, y que explica también que "mientras siga la normativa y sigamos en nivel 4, el cierre perimetral nos impide que vengan visitantes, no viene nadie en absoluto ni siquiera de Córdoba, ni de los pueblos limítrofes ni del resto de Andalucía y España".

Por ello, añade que "ante esa gravedad el Cabildo se ha visto en la necesidad de tener que cerrar al turismo el edificio, pero mantenemos las misas y el culto para aquellas personas que quieran venir y vivir esa experiencia de fe".

Pérez Moya reconoce también que se encuentran entristecidos porque el cierre al público de la Mezquita-Catedral "repercute en los pequeños comercios de alrededor del entorno". "Son comerciantes de una historia larga y merecida de trabajo y esfuerzo y están todos cerrados", considera y añade que esta estampa que ahora luce la Judería por culpa del coronavirus "nos devuelve a la cara el drama que están viviendo muchas familias del Casco Histórico".

Una zona de Córdoba, por tanto, que luce en sus momentos más bajos por la ausencia de turistas dispuestos a descubrir su belleza inigualable.

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