Sociedad
  • Las celebraciones están previstas para mediados de abril a pesar de las restricciones

  • Las familias y las empresas de restauración están expectantes ante la posible aminoración de las restricciones

Comuniones en estado de alarma

Escaparate de una tienda con vestidos de primera comunión. Escaparate de una tienda con vestidos de primera comunión.

Escaparate de una tienda con vestidos de primera comunión.

Miguel Ángel Salas

Escrito por

· Lourdes Chaparro

Redactora

El nuevo estado de alarma se cancelará a las 00:00 del próximo 9 de mayo. Eso si, por el camino no aparece la cuarta o la quinta ola de pandemia del coronavirus y se amplía. La declaración de este segundo estado de alarma de España en menos de un año cogió a numerosas familias con la fecha de celebración de la primera comunión de sus hijos fijada, una cita que desde los colegios y parroquias de Córdoba se suele dar a conocer en el mes de septiembre u octubre.

Una vez conocida la fecha, comienza la carrera para los preparativos. Almuerzo o catering posterior, fiesta, vestidos, trajes, invitaciones, reportaje fotográfico, regalos… Toda una serie ingredientes que mueve miles de euros cada año y genera empleo, pero que en esta ocasión está en casi in albis por todas las restricciones que surgen cada semana a medida que los contagios suben o descienden.

Una circunstancia que, hasta el momento, no ha provocado que se suspendan las celebraciones litúrgicas, tal y como sí ocurrió el año pasado. Es decir, que las comuniones, por ahora, se van a celebrar desde mediados de abril y durante el mes de mayo. Para poder hacer la primera comunión, los niños acuden a catequesis, bien en los colegios, bien en las parroquias. Mientras que hay algunas que han decidido hacerlas de manera online, otras han preferido seguir organizándolas de manera presencial, eso si, cumpliendo todas las medidas de seguridad prescritas.

Una de esas parroquias de la Diócesis de Córdoba es la de Nuestra Señora de la Esperanza, en la avenida María La Judía. Su párroco es Leopoldo Rivero, quien reconoce que en un primer momento “barajamos la opción de dar las catequesis de manera telemática”, sin embargo, finalmente se decantaron por la presencialidad. Para garantizar la seguridad y evitar contagios, se han establecido “grupos burbujas, mientras que la entrada y la salida se hace de manera escalonada”, apunta. Rivero destaca que las aulas están ventiladas y que se desinfectan tras su uso.

El párroco de la Esperanza, Leopoldo Rivero, en una de las aulas para catequesis. El párroco de la Esperanza, Leopoldo Rivero, en una de las aulas para catequesis.

El párroco de la Esperanza, Leopoldo Rivero, en una de las aulas para catequesis. / Juan Ayala

Serán más de un centenar los niños que reciban la primera comunión en esta parroquia durante los meses de abril y mayo. Las fechas, por el momento, no se han movido, aunque el sacerdote reconoce que “hay familias que han planteado el cambio porque los abuelos no han recibido la vacuna”. “Tienen la opción que quieran y pueden pasar la primera comunión a septiembre; estamos pendientes de la evolución de la pandemia”, anota.

La hija de Elena Galán será una de las pequeñas que haga su primera comunión en esta parroquia, que se puso en marcha hace tres lustros en esta zona de la capital. La fecha es el 1 de mayo y no se han planteado modificarla porque se trata de un sacramento que “no va a condicionar la celebración posterior; es una forma de dar sentido a lo que es realmente importante”. Es decir, que podrán acudir a celebrarla quienes puedan. “Tenemos la reserva ya del local, pero está en ERTE y todo está en el aire”, añade.

En la parroquia de la Trinidad, por su parte, llevan dos semanas con las catequesis de manera virtual. Su responsable es Lola Sánchez, quien explica que antes de ponerse detrás de la pantalla para dar las clases el grupo de catequistas recibió un curso específico sobre el manejo de las nuevas tecnologías “y nos enseñaron cómo trabajar”, relata.

La catequista explica que los grupos son de niños de entre siete y nueve años y que se envía a los padres un enlace con la dirección para seguir la sesión. Cuenta que los más pequeños “no se lo han tomado a mal y lo toman como algo normal” y que ella jamás había pensado en dar catequesis de esta manera.

Respecto a las fechas, en el caso de la Trinidad se dieron a conocer el pasado mes de octubre. “Todas las familias saben que se puede retrasar”, anota, al tiempo que subraya que se celebrarán guardando todas las medidas de seguridad.

El traje y las fotos

Beatriz Baldasano, responsable de Dímelo Hilando. Beatriz Baldasano, responsable de Dímelo Hilando.

Beatriz Baldasano, responsable de Dímelo Hilando. / Juan Ayala

Las empresas que se dedican a la confección y venta de vestidos de primera comunión, además del reportaje fotográfico de los niños vestidos de primera comunión, también ven cómo no llegan las reservas al mismo ritmo que otros años. Es el caso del fotógrafo Antonio J. Dueñas, que trabaja en la comarca de Los Pedroches y quien ya ha lanzado la campaña de las comuniones. Sin embargo, aún no ha cerrado ninguna reserva.

"He sacado la campaña por si alguien se anima, pero no tengo nada en la agenda", confiesa. Mientras que cada año suele hacer una veintena de reportajes de este tipo, en 2020 logró hacer media docena, pero ahora mismo "no tengo ninguna previsión, aunque si algunas pendientes del año pasado", expone. 

Las tiendas que venden vestidos de primera comunión para niñas, en este caso, también están a la expectativa. Mientras que en algunas ya han hecho alguna que otra reserva, otras esperan a la llegada de posibles clientes y algunas son de diseño propio, es decir, de confección a medida

Es el caso de Beatriz Baldasano, diseñadora y responsable de la tienda Dímelo Hilando. En su caso, el traje es a medida de cada niña y tiene ya la colección cerrada. "Trabajo a medida y me adapto a las nuevas fechas para fabricar", explica.

No obstante, reconoce que la dificultad que puede presentar es que los pedidos lleguen demasiado tarde -ante en temor de que se retrasen o cancelen las celebraciones-, ya que ella misma tiene que hacer los encargos a los proveedores y no es lo mismo encargar para un número determinado que para uno mayor. 

La joven emprendedora reconoce que "quienes apuren, tendrán problema si el proveedor no sirve a tiempo". "La reserva no se pierde y hay capacidad para tener la fecha", expone. A su juicio, además, "hay que transmitir tranquilidad porque el vestido es a medida".  

La fiesta posterior

En el otro lado de las comuniones se encuentran los catering y restaurantes, que viven cada día expectantes ante el avance del coronavirus y la imposición o relajación de las restricciones. Aunque quedan tres meses para que empiecen las primeras comuniones, las reservas están ya hechas por parte de las familias, aunque no en el mismo número que en años anteriores y, sobre todo, con menos comensales. Es lo que cuenta a el Día Rafael San Miguel, de la Finca El Capricho.

Niños durante la celebración de la primera comunión. Niños durante la celebración de la primera comunión.

Niños durante la celebración de la primera comunión. / El Día

“Tenemos reservadas comuniones, pero no sabemos qué va a pasar y todo se está retrasando”, asegura, al tiempo que lamenta que en algunos casos han organizado una primera comunión para nueve personas. Según sus cálculos, van a perder entre un 70 y 80% de celebraciones de este tipo durante este año por culpa de la pandemia. Sin embargo, hace un llamamiento a las familias para que “tengan confianza” de que se van a poder organizar cumpliendo con todas las restricciones.

Francisco Castro es, pr su parte, el responsable de Los Jardines de Sansueña y detalla que hasta el momento “están entrando reservas para no perder el sitio y con incertidumbre, pero hay algunos que no están convencidos”.  

La asistencia de más o menos comensales, continúa, “depende del nivel de alerta que ponga la Junta, y también los horarios”. Castro, además, reconoce que a pesar de todas las limitaciones del último año no perdió muchas celebraciones, pero sí en el número de asistentes. En su caso, subraya que no han tocado los precios y que antes no cogían comuniones con menos de 50 personas. Ahora todo ha cambiado y se amoldan a lo que haga falta.

Sea como sea, las familias mantienen las celebraciones a pesar de todos los obstáculos que la pandemia sigue generando casi un año después de que se declarase y trastocase el mundo entero.

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