La venta de carretera famosa por sus platos combinados y vistas únicas a la Subbética cordobesa
La Venta Los Pelaos es uno de los clásicos de la gastronomía egabrense
El balneario histórico, a menos de una hora de Córdoba, que revive el lujo de la 'belle èpoque'
Comer en Venta Los Pelaos es mucho más que reponer fuerzas en una venta de carretera, exactamente la que une Cabra con Alcalá La Real. Fundada en 1913, atrae comensales de la propia capital así como de otros pueblos de Córdoba y de la vecina Jaén que llegan en busca de comida tradicional y unas vistas espectaculares de la Subbética.
Los fans de sus platos combinados se cuentan por legiones. ¿El más popular? El que lleva lomo, chorizo, morcilla, huevo y patatas. Además su carta incluye platos tradicionales y típicos de la comarca cocinados como se hacía antiguamente. Bordan la carrillada ibérica, el venado o el rabo de toros y merece la pena degustar los embutidos de fabricación propia, en especial el chorizo, la morcilla y el lomo de orza.
Entre los best seller de la casa están también la paella, su flamenquín, el adobillo de rosada y la tarta de la abuela.
Además, disponen de venta directa de productos para que llenes tu despensa con un pedacito de la Subbética a casa.
Los cuatro pelaos
Sin duda, el nombre con el que fue bautizada esta venta es de lo más llamativo. Así lo explican en la propia web del establecimiento. "Contaba Rafael sobre la venta, que asimismo su abuelo le había contado, que en los tiempos del hambre venían de fuera de la zona a coger aceitunas al lugar 4 desarropaillos (por poner una cantidad), que sólo traían lo puesto (es decir, sin más pertenéncias que sus vestimentas), durmiendo éstos en los pajares; a los que la gente del lugar llamaba con el apelativo de "los pelaos", refiriéndose a que no tenían donde caerse muertos…"
Pasó el tiempo y "…muchas décadas después, Rafael compró la casa con pajares, convertida ya en venta, siendo éste el primer bar de la zona, al pie de la carretera/camino, en el que en un principio se servían 4 copas de aguardiente, debido a la miseria existente después de la Guerra Civil". Al cargo quedó su esposa, Pepita, mientras que el propio Rafael se dedicó a pastorear con las cabras que tenía para que éstas comieran.
"Con el paso de los años se sirvieron a los clientes los tradicionales chorizos, morcillas y lomos de orza, que Rafael tras la matanza casera del cerdo tenía en sus despensas para consumo propio".
Actualmente son los nietos de Rafael quienes se han hecho cargo del negocio y han seguido con la tradición.
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