El pueblo de Córdoba que cada Miércoles de Ceniza se convierte en una nube blanca

La Batalla de la Harina simboliza la unión intergeneracional y el deseo de mantener vivas las costumbres locales

El pueblo de Córdoba que parece sacado de 'Cumbres Borrascosas'

Miércoles de Ceniza en Guadalcázar / Ayuntamiento de Guadalcázar

En el municipio de Guadalcázar el calendario festivo conserva tradiciones singulares que hablan de identidad, memoria colectiva y participación vecinal. El Miércoles de Ceniza y el Domingo de Piñata se han convertido en dos citas señaladas que, tras años de declive, han logrado recuperar su protagonismo gracias al empeño institucional y al compromiso de sus vecinos.

La batalla de la harina

Cada Miércoles de Ceniza, a las cinco de la tarde, vecinos de todas las edades se congregan en las calles del municipio armados con bolsas de harina o polvo de talco. Lo que comienza como un encuentro festivo pronto se transforma en una auténtica 'batalla blanca' que tiñe de alegría y polvo el ambiente.

La conocida batalla de la harina, profundamente arraigada en la localidad, llegó a perderse en la década de los noventa por la falta de interés de las generaciones más jóvenes. Durante decadas dejó de celebrarse, quedando relegada al recuerdo de quienes la vivieron en su juventud.

Fue en 2020 cuando, desde la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Guadalcázar, se decidió dar un nuevo impulso a esta tradición con el objetivo de recuperarla y, al mismo tiempo, transmitir su significado a las nuevas generaciones. El esfuerzo institucional, unido a la implicación vecinal, permitió devolver a las calles una de las estampas más características del municipio.

La dinámica es sencilla pero cargada de simbolismo y diversión. Los participantes forman un corro y comienzan a lanzarse un botijo de unos a otros. La tensión aumenta en cada pase: quien deja caer el recipiente se convierte automáticamente en el blanco del lanzamiento de harina o polvo de talco por parte del resto. Las risas y el compañerismo marcan una escena en la que la competitividad se mezcla con la complicidad.

Como colofón, los asistentes se dividen en dos grupos para protagonizar una auténtica guerra blanca. La harina y los polvos se convierten en las únicas armas permitidas en una contienda festiva que, más allá del juego, simboliza la unión intergeneracional y el deseo de mantener vivas las costumbres locales.

Domingo de Piñata en Guadalcazar / Ayuntamiento de Guadalcázar

El Domingo de Piñata

A esta celebración se suma el tradicional Domingo de Piñata, otra costumbre que el Consistorio está impulsando para garantizar su continuidad. Si el Miércoles de Ceniza tiñe el pueblo de blanco, el Domingo de Piñata lo llena de expectación desde primera hora de la mañana.

Ese día, varios botijos rellenos de caramelos se cuelgan en distintos puntos del municipio. Su presencia actúa como señal inequívoca: en ese lugar se romperá una piñata por la tarde.

Antiguamente, el contenido era bien distinto. Agua, harina, paja e incluso ratones formaban parte de un ritual que con el tiempo se ha adaptado a sensibilidades más actuales, sustituyendo aquellos elementos por dulces.

La persona encargada de romper la piñata es vendada y equipada con casco de protección y gafas, medidas incorporadas en las versiones contemporáneas de la tradición. Mientras tanto, desde uno de los extremos de la cuerda que sostiene el botijo, otra persona lo sube y lo baja para dificultar el golpe certero, añadiendo emoción y risas al momento.

Una vez rotas todas las piñatas repartidas por el municipio, la celebración culmina en la Plaza de España. Allí, vecinos y visitantes comparten una chocolatada acompañada de sopaipas, elaboradas por un grupo de mujeres de la localidad, en un gesto que vuelve a poner en valor el papel de la comunidad en la conservación de sus tradiciones.

Con la recuperación de estas fiestas, Guadalcázar no solo rescata prácticas lúdicas del pasado, sino que refuerza el sentimiento de pertenencia y asegura que las nuevas generaciones comprendan y vivan unas costumbres que forman parte esencial de su patrimonio cultural.

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