Una anciana con siete patas, un canasto y un bacalao: el particular 'método' para medir el tiempo de Cuaresma en Puente Genil

La Vieja Cuaresmera ocupa un lugar destacado en todos los cuarteles de Semana Santa

El sorprendente laberinto verde que se oculta en uno de los palacios más bellos de Córdoba

Diferentes representaciones de la Vieja Cuaresmera
Diferentes representaciones de la Vieja Cuaresmera / Web Agrupación de Cofradías y Corporaciones Bíblicas de Puente Genil

La Cuaresma en Puente Genil no se mide en horas, días, ni semanas. Se mide en patas. Concretamente las siete que adornan los bajos de las faldas de la Vieja Cuaresmera, un auténtico icono en el imaginario colectivo del pueblo y los cuarteles de Semana Santa.

En ninguno de ellos falta la representación de esta anciana enjuta, ataviada con ropa negra, un bacalao seco y una cesta de viandas, de la que sobresalen verduras. Iconos, todos ellos, que se identifican con la austeridad y la vigilia propios del tiempo de Cuaresma.

Cuarenta días que preceden a la Semana de Pasión, y que se reparten en piernas, bautizadas popularmente como 'patas', de la Vieja, que representan los siete Sábados de Cuaresma. Bueno, en realidad, son seis, pues la última pata se reserva al Domingo de Ramos. Así pues, cada sábado lleva nombre el evangelio de ese día por orden cronológico:

  1. Sábado de Carnaval
  2. Sábado de Tentaciones
  3. Sábado de Transfiguración
  4. Sábado de Diablo Mudo
  5. Sábado de Pan y peces
  6. Sábado de Pasión
  7. Domingo de Ramos

Camino a la Semana Grande

"Sin duda es la imagen más iconográfica de la Cuaresma de Puente Genil, que también perdura aún en un reducido número de localidades. Es la representación humana de La Cuaresma, en contraposición a la opulencia del carnaval, que suele representarse como un tipo orondo y carcajeante", afirman desde la Agrupación de Cofradías y Corporaciones Bíblicas de Puente Genil.

Son muchas las características que adornan a esta figura y todas están recreadas en su fisonomía, vestimenta y complementos. La toca que cubre sus hombros y cuello es símbolo de recato. Mientras que la austeridad se refleja en su ropa sencilla y oscura. La penitencia asoma en su rostro ajado, enjuto y resultado del preceptivo ayuno y la vigilia.

Su cabello blanco, las arrugas que surcan su rostro y la postura levemente encorbada del cuerpo apuntan directamente a la antigüedad. Sin embargo, aquí no acaban las claves que confluyen en este misterioso personaje. El canasto de verduras y el bacalao seco responden a la voluntad de privación de la carne, la abstinencia. Por último, la religiosidad se adivina en el rosario que cuelga de su cintura.

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