Eduardo, masculino singular

Muere el actor Eduardo Gómez

El fallecido actor fue Mariano en ‘Aquí no hay quien viva’ y Maxi en ‘La que se avecina’. Estaba retirado en los últimos meses

Eduardo Gómez en la primera temporada de 'La que se avecina', en 2007
Eduardo Gómez en la primera temporada de 'La que se avecina', en 2007 / Mediaset
Francisco Andrés Gallardo

28 de julio 2019 - 18:00

Cuando se le preguntaba por él, sus compañeros de La que se avecina La que se avecinale envidiaban su retiro en Marbella, su forma de tomar se la vida y haberle sacado rendimiento a la propina de sus últimos años, con la popularidad a partir de su desgarbado aspecto. Tuvo una reciente pareja mucho más joven que él, Jessica, pero esta adolescencia cuando se le asomaron los 60 años y la cuenta corriente saneada no terminó de ser la aventura completa en la que confiaba. Hace ocho meses lanzaba un último mensaje en las redes sociales aclarando que su convalecencia hospitalaria era pasajera. Había sido literalmente un buscavidas.

A Eduardo Gómez (Madrid, 1951) todos lo conocimos ya mayor. Lo reclutaba Javier Fesser para sus películas (El milagro de P. Tinto, Mortadelo y Filemón) y promociones y lo recordamos por una singular promoción futbolera en Canal Sur.

Todo en Eduardo era singular. Lo que tiene sacar partido de una anatomía enclenque, un bigotillo de pelusa y esa voz tan acorde con sus arrugas de barra de bar. “Mente fría, pensemos”, “¿Qué somos, leones o huevones?”, desafiaba en el mostrador de Max & Henry, el garito del inhóspito Mirador de Montepinar. Con La que se avecina, como Maxi, Eduardo se hizo cotidiano y presente, a fuerza de reposiciones de los capítulos (más de 300 repeticiones llevan en FDF). El enjuto actor, tan “metrosexual” como se jactaban sus personajes, decía ayer adiós a los 68 años, pero seguirá estando en la pantalla con las seis temporadas de La que se avecina en las que estuvo.

Pero todo tiene un antes y el origen de la fama ya mayor de Eduardo no fue con sus apariciones con Fesser sino por su personaje en Aquí no hay quien viva, la comedia de los hermanos Caballero, sobrinos de José Luis Moreno, quienes nadie hubiera dado un duro por ellos cuando se presentaron un domingo por la noche en Antena 3, en septiembre de 2003.

Al poco el boca a boca de una audiencia sorprendida por el gancho de este 13 Rúe del Percebe llevó a esta serie a contar con más de 6 millones de espectadores.

Como sucedió con la veterana Mariví Bilbao, el recorte de presupuesto de la serie permitió que otros actores de segunda fila recibieran el cariño del respetable. En el caso de Gómez era más improbable porque tenía en principio sólo una aparición en el piloto como vendedor de enciclopedias que se pasaba de visitar por la portería de la calle Desengaño, a saludar a su hijo el portero Emilio, Fernando Tejero. El encaje de su escéptico personaje, Mariano, que pedía instruirse a la parroquia (“ignorante de la vida”) le permitió sumarse a las chicas de oro del bloque y a ser el okupa de la portería con su hijo. Eduardo Gómez era vis cómica con su presencia, su voz y sus gestos.

Y era también sinónimo de “buen rollo”, el que promovía en los rodajes y que recibía el aprecio de sus compañeros de reparto. Es lo que tiene encontrar la popularidad tan tarde: que no le das realmente importancia. Ni a la fama ni a los demás. Antes de quedarse a vivir en Aquí no hay quien viva (clausurada por La que se avecina al pasar a Telecinco en 2007) su primera aparición en televisión fue a finales de los 90 con el Ay, Señor, Señor, de Pajares.

Otros de los directores que trabajaron con él en la pantalla, como Santiago Segura o Álex de la Iglesia tenían palabras de recuerdo y cariño a un señor que llevaba el humor como un chaleco. “Sintiéndose joven has hecho reír. Hasta hoy, que me haces llorar.”, protestaba ayer la actriz Lidia San José, ‘rescatada’ por Los Javis. Ella y tantos compañeros de profesión saben de la chiripa del éxito en la actuación, algo en lo que Eduardo era un experto.

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