Semana Santa

El triunfo de la vida en una mañana de primavera

  • La hermandad del Resucitado desafía a la llovizna y realiza su primera estación de penitencia con parada en la Catedral.

No hay muerte sin resurrección igual que no hay invierno sin primavera. Córdoba vivió ayer estos dos despertares en un día que empezó gris pero en el que, como no podía ser de otra manera, se impuso la luz. La hermandad del Resucitado desafió no sólo al cielo nublado, sino a la llovizna que al filo de las nueve de la mañana -la hora prevista para la salida- comenzó a caer en Santa Marina y obligó a abrir los paraguas. Media hora bastó para formar de manera definitiva el cortejo, que comenzó a desfilar cuando aún caían algunas gotas. Pero no hubo miedo, ni mucho menos. La hermandad del Resucitado siguió con su paso firme, acompasado a la brillante interpretación musical de la Agrupación Nuestro Padre Jesús de la redención de Sevilla y, poco a poco, la luz se fue haciendo paso entre las nubes. Pero el cielo no se despejó del todo hasta el paso de la María Santísima de la Alegría, una de las imágenes más bellas de la Semana Santa cordobesa, obra de Juan Martínez Cerrillo. La Virgen, jubilosa bajo palio, se abrió paso entre la multitud para dejar un haz de luz efímero. El recorrido también tuvo momentos para la solemnidad como el paso por carrera oficial que en la jornada de ayer estuvo presidida por la alcaldesa, Isabel Ambrosio. El Señor Resucitado y la Virgen de la Alegría tuvieron algunos de sus momentos más elegantes gracias al buen hacer de los costaleros en este momento del desfile. El día acabó con un sol radiante que recordó el triunfo de la vida sobre la muerte, el mensaje final que deja la Semana Santa y sobre el que se cimienta la fe cristiana. La hermandad del Resucitado ofreció ayer su mejor estampa en su estreno hasta la Catedral, uno de los momentos más emotivos de la recién concluida Pasión. Y allí, entre el entramado de las calles de la Judería y el empedrado del Patio de los Naranjos, también despertó la primavera, con el azahar floreciendo y los intensos olores que van, irremediablemente, asociados con una Córdoba que no se entiende sin la resurrección de su primavera. Abrió el azahar y también la ciudad entera, que estos días ha ofrecido su mejor cara a cordobeses y turistas.

Ayer se mezclaban en la carrera oficial y el caso histórico los que se despedían de la capital con maletas a cuestas con los nazarenos impolutos de la hermandad. También los niños que apuraban las últimas oportunidades de hacer más grande la bola de cera o los vendedores de los puestos de arropías, muy satisfechos con el desarrollo de la Semana Santa a pesar del mal arranque.

La algarabía por la Resurrección confirmó que la capital ya está en su mejor momento, el de la anhelada primavera que ya no quiere marcharse.

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